jueves, 11 de septiembre de 2014

Oración de Santa Teresita para los Sacerdotes


¡Oh Jesús! Eterno Supremo Sacerdote, guarda a tu sacerdote al abrigo de tu Santísimo 
Corazón, dónde nadie le pueda dañar. Conserva inmaculada sus manos consagradas, que tocan diariamente tu sagrado Cuerpo. Conserva puros los labios coloreados por tu Preciosa Sangre. 
Conserva limpio y puro su corazón, que está sellado con la sublime señal de tu glorioso 
sacerdocio. Haz que crezca en el amor y la fidelidad hacia ti y protégelo contra el contagio del mundo. Concédele, con el poder de la transformación del pan y del vino, también el poder de la 
transformación de los corazones. Concede muchos frutos a su trabajo y dale, en su día la corona de la vida eterna. 
Amén.


martes, 9 de septiembre de 2014

De los Vicios Capitales y de otros pecados más graves


Vicio es una mala disposición del ánimo a huir del bien y hacer el mal, causada por la frecuente repetición de los actos malos. Entre pecado y vicio hay esta diferencia: que el pecado es un acto que pasa, mientras el vicio es una mala costumbre de caer en algún pecado.

Los vicios que se llaman capitales son siete:

1. La soberbia es un deseo desordenado de nuestra propia elevación y una vana complacencia de nosotros mismos. Casi todos los vicios nacen de la soberbia como de su primer origen. Los principales son: la vanagloria, la jactancia, el lujo, el fausto, la ambición, la hipocresía, la presunción, la altanería, la terquedad, la desobediencia y la ilusión sobre nuestros propios defectos.
2. La avaricia es un amor desordenado al dinero y a los bienes de la tierra. Buscar la fortuna para un buen fin, subordinada a los deberes y a la salvación, es cosa honesta; buscarla de otro modo, es avaricia. Produce negligencia en las cosas del espíritu, nos hace duros con los pobres, injustos, querellosos y engañadores.
3. La lujuria o el vicio contrario a la castidad, prohibido por el sexto y noveno mandamientos. Produce disgustos de la piedad, ceguedad de espíritu, endurecimiento de corazón, entibiamiento y aun extinción de la fe. Destruye también la salud del cuerpo y las más bellas cualidades del alma, perturba las familias y las arruina, y conduce muchas veces por último a la impenitencia final.
4. La ira es una emoción, un transporte desordenado del alma, que nos impulsa con violencia hacia lo que nos place y nos induce a vengarnos de todo lo que nos contraría. Son efecto de la ira: el odio, la venganza, las imprecaciones, las blasfemias y los ultrajes.
5. Se llama gula al amor desordenado de la bebida y de la comida, o la mala inclinación que induce al hombre al uso inmoderado de los alimentos. Este vicio abyecto hace al que lo tiene, esclavo de su vientre, según la expresión del Apóstol (Fil. 3, 19). La gula produce la embriaguez, la impureza, los arrebatos, las blasfemias, el disgusto de las cosas espirituales, el entorpecimiento del espíritu y el desprecio de las leyes de la Iglesia, como son el ayuno y la abstinencia.
6. Se entiende por envidia, la tristeza que se experimenta por el bien espiritual o temporal del prójimo, mirándolo como una disminución de nuestro bienestar o de nuestro mérito. Este vicio produce los juicios temerarios, la maledicencia, el gozo maligno ante las faltas o desgracias del prójimo, el odio y las vejaciones de todo género.
7. Se define la pereza como un amor desordenado al descanso, una languidez del alma, y una repugnancia al trabajo exigido por nuestros deberes. Produce la ociosidad, la pérdida del tiempo, la negligencia, la ignorancia, la inconstancia en las buenas resoluciones, el tedio, las tentaciones de toda especie y la constante languidez que nos predispone a las caídas (F. X. Schouppe  S.J., Curso abreviado de religión, París-México, 1906, pp. 436-438).

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Los vicios capitales se vencen con el ejercicio de las virtudes opuestas. Así, la soberbia se vence con la humildad; la avaricia, con la generosidad; la lujuria, con la castidad; la ira, con la paciencia; la gula, con la templanza; la envidia, con la caridad fraterna; la pereza, con la diligencia y fervor en el servicio de Dios.

Estos vicios se llaman capitales porque son la fuente y causa de muchos otros vicios y pecados.

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis: 1) la desesperación de salvarse; 2) la presunción de salvarse sin merecimientos; 3) la impugnación de la verdad conocida; 4) la envidia o pesar de la gracia ajena; 5) la obstinación en los pecados; 6) la impenitencia final.

Estos pecados se dice que son en particular contra el Espíritu Santo porque se cometen por pura malicia la cual es contraria a la bondad que se atribuye al Espíritu Santo.

Los pecados que se dicen clamar al cielo son cuatro: 1) el homicidio voluntario; 2) el pecado impuro contra el orden de la naturaleza; 3) la opresión del pobre; 4) la defraudación o retención injusta del jornal, del trabajador.

Se dice que estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos (Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 127-128).

domingo, 31 de agosto de 2014

SAN MIGUEL ARCÁNGEL, DEFENSOR DE LOS MORIBUNDOS Y PSICOPOMPO


San Miguel Arcángel, gloriosísimo príncipe de los ejércitos celestiales, tiene como tarea rescatar a las almas de los fieles del poder y tentaciones del Antiguo Enemigo.
Por eso es el protector de las parturientas, de los niños que han de nacer y de los recién nacidos. Pero especialmente a la hora de la muerte, ya que ese estado de espera hasta reunirse con Dios es el más aprovechado por Satanás para buscar los resquicios por los que pervertir el alma y así poder llevársela para siempre.
El soberbio y arrogante Satanás tiembla sólo con escuchar su nombre, pues le recuerda el grito de «Quis ut Deus?» con que el humilde San Miguel le respondió cuando se rebeló contra Dios bajo el grito de «Non Serviam!» (¡No te serviré!).
La mayor parte de los ángeles, unidos al grito de «Quis ut Deus?» (¿Quién como Dios?) siguieron a San Miguel Arcángel y, capitaneados por éste,derrotaron a Satanás y a los ángeles que le habían seguido en su pérfida rebelión.
La muerte es una clara (y tangible)constatación de las consecuencias del pecado original en nuestra naturaleza. Desde momentos antes de producirse, los demonios ya preparan sus tentaciones para actuar en la última oportunidad que van a tener de llevarse consigo al moribundo: hacerle morir en la impenitencia final.
Sin embargo, aparte de que Dios nunca permite que seamos tentados por encima de nuestras propias fuerzas, en esos terribles y angustiosos momentos de la muerte tambiénacudirá el Arcángel San Miguel a la cabeza de otros ángeles, con el objetivo de conseguir que el moribundo muera con la perseverancia final de la fidelidad a Cristo. O bien, si vivió infiel a Cristo, se presentarán allí con el objetivo de que alcance el arrepentimiento y perdón de sus pecados antes de que sea demasiado tarde.
Después, en el instante mismo de su muerte, tiene lugar el Juicio Particular; se le presentan —ya visiblemente— los demonios, encabezados por su príncipe, el Antiguo Enemigo del género humano, frente a San Miguel Arcángel, que tendrá como tarea defenderle en ese juicio y, si sale absuelto, conducirlo protegido hasta el Cielo (directamente o llevándole primero alPurgatorio).
Dentro de la Escatología (definida fundamentalmente en 1274 en el Concilio II de Lyon, en la constitución Benedictus Deusde 1336, promulgada por Benedicto XII y en 1439 en el Concilio de Florencia), se distinguen la Escatología Intermedia y la Escatología Final.
El Juicio Particular, producidoinstantáneamente tras la muerte, se contiene en la Escatología Intermedia. El alma, al separarse del cuerpo, recibe la salvacióneterna (bien sea inmediata o bien tras la conveniente purificación en el Purgatorio), o lacondenación eterna.
La Escatología Intermedia es la fase personal dentro de la lucha cósmica que se produce, por un lado, entre Satanás (que ampara la Ciudad del hombre mundano) y San Miguel, que combate con las fuerzas de Dios (y que ampara la Ciudad de Dios). En este caso, entablan una lucha por el alma del moribundo.
Cada día, antes de oficiar el Santo Sacrificio de la Misa, San Anselmo rezaba la siguiente oración:
«San Miguel Arcángel de Dios, custodio del Cielo, venid en mi ayuda en el momento de mi muerte; sed mi defensa contra el Espíritu Maligno y conducid mi alma a la gloria del Paraíso.»

San Anselmo Doctor de la Iglesia, cuenta una interesante anécdota a este respecto: había un piadoso religioso, cuyo bautismo había sido tardío, a quien, en sus últimos momentos, le asaltó el Diablo, apareciéndose para acusarle de todos los pecados que había cometido antes de ser bautizado. En aquellos momentos, se presentó allí San Miguel. Respondió a las acusaciones alegando que todos esos pecados habían sido borrados en culpa y en consecuencias con el Bautismo.
Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. San Miguel declaró entonces que tales pecados le habían sido perdonados en la confesión generalhecha antes de profesar a la vida religiosa. Incansable, Satanás le acusó de sus negligencias y faltas durante su vida religiosa, pero San Miguel refutó las acusaciones dando testimonio sus confesiones y buenas obras durante su vida religiosa, recordándole que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad, vivido con resignación y paz.
San Miguel Arcángel, en efecto, fue siempre reconocido como el gloriosísimo Príncipe de los Ejércitos Celestiales, como protector de los ejércitoscristianos contra los enemigos de la Iglesia y como defensor de los cristianos contra los poderes diabólicos, trabajando por conseguir una buena muertepara cada uno de aquéllos.
Protector de los moribundos, los defiende de las asechanzas del Diablo y los recibe inmediatamente y conduce hasta el Cielo si se lo han ganado y si han salido absueltos del juicio particular.
El Papa San Gregorio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, nos enseña (Homilías sobre los Evangelios 9, 8-9):
«Nosotros debemos procurar y pensar con grandes lamentos cuán rabioso y terrible nos asaltará en el día de nuestra muerte el príncipe de este mundo, nos asaltará reclamando sus obras en nosotros, pues que acudió a Dios que moría en la carne, y hasta buscó algo en él (Is. 14,30), en quien nada suyo pudo hallar…
¿Qué diremos al enemigo que reclama y que halla en nosotros muchas cosas suyas sino solamente que tenemos un refugio seguro y una firme esperanza, porque nos hemos hecho una misma cosa con Aquél en quien el príncipe de este mundo también reclamó algo suyo, pero nada pudo hallar, porque sólo Él está libre entre los muertos (Ps. 87,5), y que ya hemos sido librados del pecado con una verdadera libertad, porque estamos unidos a Aquél que es verdaderamente libre?»
Otro Santo Doctor y Padre de la Iglesia, San Jerónimo, autor de la Vulgata, decía queSan Miguel asiste a las almas desde su aparición sobre la tierra, pero sobre todo en el terrible trance de la muerte.
Orígenes, San Juan Crisóstomo, San Eusebio y otros Padres de la Iglesia nos enseñan también cómo se presenta el Diablo con otros demonios en el momento de la muerte de cada uno y cómo San Miguel acude para cumplir conla psicostasis (pesar las almas) y para efectuar su trabajo de psicopompo.
San Miguel se encarga, pues, de efectuar la psicostasis. Por ello, a lo largo de los siglos, se le ha representado con una balanza, en la que pesa las buenas acciones de cada alma, e interviene Satanás para influir negativamente en este pesaje y lograr que pesen más las malas acciones.
Pero también es psicopompo, porque se encarga deconducir las almas de los difuntos y proteger de los demonios a los moribundos, ayudándoles a obtener una buena muerte y librándolos de los demonios que acechan.
Esta actuación de San Miguel Arcángel aparece testificada ya en la Epigrafía conservada del Cristianismo Primitivo (vid. R. Infante, «Michelle nella Letteratura apocrifa del Giudaismo del Secondo Tempio», Vetera Christianorum34, 1997, 211-229.) e incluso en una obra tan importante para los orígenes del Cristianismo como el Pastor de Hermas (I, 3).
En el monte Gárgano, al sur de la península Itálica, desde el siglo V está presente el culto a «San Miguel Arcángel, taumaturgo, psicopompo, psicagogo», y allí cuenta con un importante santuario, quizá el más importante de cuantos se le han dedicado en la Cristiandad.
A lo largo de la Edad Media, a San Miguel Arcángel se le consagrarán numerosas capillas en los cementerios (vid. E. Mâle,L’art religieux du XII siècle en France, Paris, 1924). En el Museo de Arte Catalán de Barcelona, se conserva una representación románica del siglo XIII en la que se aprecia a los Arcángeles San Miguel y San Gabriel transportando un alma al Cielo.
Cuando el difunto ha alcanzado su salvación, si no tenía que pasar por el Purgatorio,  San Miguel Arcángel en persona lo llevará hasta el Cielo, donde, tras ser recibido por los mártires, por los santos de su devoción y por los seres queridos que se han salvadoSan Miguel Arcángel le presentará a Dios.
Esto ha sido tomado del Blog: IOTA UNUM