jueves, 16 de abril de 2015

Missale Romanum - Siglo XIV



Este Misal escrito a mano, en latín, data del año 1362, Siglo XIV. Es una copia escaneada del autentico ejemplar que se conserva hoy día en la Biblioteca de Tolouse en Francia. Para descargarlo todo en pdf (mas de 500 paginas y más de 400 MB) puede hacer click Aquí

En caso tal que el enlace no aparezca puede descargarlo directamente Aquí o mas abajo en los detalles del mismo encontrara el enlace tambien. 



Type : manuscrit     Missale Romanum 
Titre unif. :Missel des Ermites de saint Augustin
Missel des Augustins
Public./Date :1362
Desc. Mat. :Vélin, 253 ff., 2 colonnes, lettres historiées, 3 peintures pleine page, miniatures, encadrements, figures, armoiries ; hauteur 360 mm., format A.
Type :
Note :
Année 1362.
Précédé d’un calendrier. - A la fin, la note suivante : « Laus tibi sit, Christe, quoniam liber explicit iste. — Facta fine pia te laudo virgo Maria. — Anno Domini nostri Christi Jesu M° CCC° LXII°, die Xa mensis septembris, hora meridie, completus fuit liber iste per me G. de Lasrieias scribentem, et in hospicio Augustinensium Insule Albigesii me existente, et b littera dominicali currente. Et fecit ipsum fieri seu scribi religiosus frater Bernardus Gualhinerii, ordinis sancti Augustini episcopi et confessoris. — G. » - Riche ornementation. A chaque mois du calendrier, une petite miniature représentant les travaux du mois ; quelques-unes manquent ; jolis encadrements. Au dernier mois, un écusson d’azur à une poule avec ses poussins au naturel. Ce sont probablement les armes parlantes de frère Bernard Galinier, possesseur du manuscrit. — Dans l’intérieur du volume, nombreuses miniatures dont quelques-unes très jolies, particulièrement aux feuillets 1, 8, 9, 10, 13, 15, 16, 74, 80, 118, 128, 129, 132 ; à partir du feuillet 164, nombreuses figures pour le propre des saints. Au feuillet 121r°, une grande peinture représentant la Trinité sous la forme de 3 hommes semblables, enveloppés dans un seul manteau ; au-dessous saint Augustin, assis, remet le livre de sa règle à des nonnes et à des moines. — Au feuillet 170r°, autre grande peinture, composée de trois parties : en haut, prêtres officiants ; au milieu de la page, saint Augustin, mort, entouré de religieux et de nonnes de son ordre ; en bas, saint Augustin à la tête des moines de son ordre. Au verso une peinture en 2 compartiments, représentant le Christ dans sa gloire et le jugement dernier. — La plupart de ces peintures sont encore bien conservées, et d’une grande fraîcheur de tons.
Mf. 259
Contient :
Ref. bibl :
Catalogue général des manuscrits des Bibliothèques publiques des départements, t. VII. Paris : Imprimerie nationale, 1885, p. 46
Leroquais, Sacramentaires et missels, t. II, 316
Archéologie du livre médiéval : p. 14, n° 2 et p. 8
Galabert (F.). L'art du livre dans la région de Toulouse jusqu'en 1789 : p. 17, n° 2
Manuscrits à peintures en France du XIIIe au XVIe : p. 29, n° 50
Porcher (J.), Mesplé (P.). Dix siècles d'enluminure : p. 35, n° 52
Voir et comprendre le Moyen Age : Visuelle et gestuelle. Exposition. Musée des Augustins, du 7 mars au 30 mai 1994 : pp. 8, 39-41
Arvengas (H.). Le Couvent des Augustins de Lisle au XIVe siècle : pp. 30-31
Auriol (A.). L'Apocalypse du couvent des Augustins : Tome IV, pp. 108-117
Caillet (M.). Les richesses de la Bibliothèque municipale de Toulouse, 1960, pp. 35-36
Carbonell (Y.), Péligry (C.). Le Missel de...
Condon (V.). Text and illustration in the Medieval : Chapitre XVI (12 p.) et pp. 42-45
Czaplicki-Haruna (H.). Les manuscrits enluminés toulousains de la fin du XIIIe siècle au milieu du XIVe siècle : l'état de la question : pp. 43 et 50-52
Delaruelle (E.). Une miniature de Moissac et la Majestas Domini : Tome 68, pp. 153-163
Delisle (L.). Notice sur les manuscrits de Bernard Gui : Tome XXVII, 2e partie, § 160 bis, 162 bis, 163, 165, 166, 170, 191, 192, 197 bis, Apopendice, Chapitre XXVIII, p. 443
Auriac, (E.d'.). Histoire de l'ancienne cathédrale : p. XXXVIII
Laburthe (M.). Recherches sur les manuscrits enluminés du XIVe siècle du couvent des Augustins de Toulouse conservés à la bibliothèque municipale de Toulouse par Martine de Laburthe : pp. 36-68
Leroquais (V.). Les sacramentaires et les missels : Tome II, p. 316
Mesuret (R.). De Barcelone à Toulouse échanges et rencontres dans la Peinture Medievale : vol. XIII, p. 251
Porcher (J.). L'enluminure française, 1959 : p. 86
Porcher (J.). Trésors d'enluminure du Languedoc : p. 15
Régimbaud (G.). La figure animale des manuscrits des XIIIe et XIVe siècles de la Bibliothèque municipale de Toulouse
Samaran (C.), Marichal (R.). Catalogue des manuscrits en écriture latine portant des indications de date, de lieu ou de copiste : Tome IV, p. 385
Salmi (M.). La miniatura fiorentina gotica, 1954
Senft (B.). Etude sur l'enluminure des Annales
Vernet (A.). Histoire des bibliothèques françaises : Tome I, p. 134
Patrimoine public et Révolution française : constitution des collections toulousaines : exposition, Toulouse, Réfectoire des Jacobins, 29 mai-29 septembre 1989. Toulouse : Bibliothèque municipale, 1989, pp. 141-143, n° 12 et p. 94
Cote :Bibliothèque municipale de Toulouse, Ms. 91
URL :http://numerique.bibliotheque.toulouse.fr/ark:/74899/B315556101_MS0091
Sujet :
Provenance :Augustins (Couvent de Toulouse). Possesseur
Galinier, Bernard. Possesseur
Document :http://catalogues.toulouse.fr/web2/tramp2.exe/do_keyword_search/log_in?setting_key=BMT1&servers=1home&query=ms00091
Droit :Bibliothèque municipale de Toulouse -- domaine public

viernes, 13 de febrero de 2015

INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE PARA IR AL CIELO SIN PASAR POR LAS DURAS PENAS DEL PURGATORIO

Hemos tomado esta entrada del excelente blog "CATOLICIDAD" debido a su importancia, promulgacion y promoción en todos los ambitos católicos del mundo entero. Porfavor propagen esto con sus amigos, familiares para que sea de conocimiento de tan grande regalo que nos deja Dios Padre para nuestra alma y salvación eterna.

INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE PARA IR AL CIELO SIN PASAR POR LAS DURAS PENAS DEL PURGATORIO

ES IMPORTANTE CONOCER ESTO, TANTO PARA NUESTROS FAMILIARES Y AMIGOS COMO PARA NOSOTROS MISMOS.



A lo largo de mi vida he visto como muchos buenos y piadosos católicos no conocen del precioso regalo, en forma de indulgencia plenaria, que nos ofrece la Iglesia a la hora de morir. Ciertamente, son muchos los que por ignorancia - tanto propia como del clero - llegan a morir sin recibir tan piadosa bendición. Este acto, realizado con fe, otorga la indulgencia plenaria a la hora de la muerte a los enfermos. Así pues, todo su dolor, sufrimiento, incomodidades, etc serán ofrecidas al buen Señor para expiar la culpa de nuestros pecados aún en vida, para así, a la hora de morir, evitar los horribles pero buenos tormentos del muy Santo Purgatorio. Así pues, si se muere en estado de gracia y luego de recibir la Indulgencia Plenaria In Articulo Mortis (que aplica a la hora de morir, y no a la hora en que se realiza la bendición) el alma de ese buen católico será prometida, al igual que el buen ladrón al lado de Cristo en el Calvario:

El ladrón dijo a Jesús: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc. 23:42,43).

Aquí os dejo, pues, el ritual intacto de la Indulgencia in Articulo Mortis.

¡Leedlo y meditadlo! ¡Dejad que Cristo, Dios mismo, os hable!

Tarea: Imprimir esta indulgencia y regalársela a al menos un sacerdote. También, deben dar a conocer esto a sus hermanos, en especial a los más piadosos y a aquellos que se encuentran en agonía. Realicen, además, alguna otra indulgencia por los benditas ánimas del Santo Purgatorio.
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El ritual se puede descargar e imprimir con más facilidad aquí.
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RITUAL DE LA BENDICIÓN APOSTÓLICA CON

INDULGENCIA PLENARIA 
"IN ARTICULO MORTIS"
(Ritual Romano, tít. VI, cap. 6) 
¡Señor, ten misericordia de nostros y del mundo entero!


I- Advertencias previas.
1. Cuando se da la Bendición Apostólica en seguida después de la Sagrada Unción o del Santo Viático, se comienza por la oración Clementissime, teniendo sin embargo en cuenta la rúbrica no. 4.

La Bendición Apostólica con indulgencia plenaria en el momento de la muerte suele darse después del Sacramento de la Penitencia, de la Eucaristía y de la Extremaunción a aquellos enfermos que la pidieron cuando estaban sanos de espíritu y en plena posesión de sus facultades, o que verosímilmente la hubieran pedido, o que dieron signos de contrición; debe darse a estas mismas personas, incluso si después se encuentran privados del uso de la lengua y de los otros sentidos, o si cayeron en delirio o demencia. En cambio debe negarse absolutamente a los excomulgados, a los impenitentes y a los que mueren manifiestamente en pecado mortal.

2. El Párroco o el Sacerdote que asiste al enfermo, revestido con la sobrepelliz y la estola morada, entra en la habitación donde se encuentra recostado el enfermo y dice: Pax huic dómui, etc. Luego rocía al enfermo, a la habitación y a los presentes con el agua bendita, diciendo la antífona: Aspérges me, etc.

3. Si el enfermo quiere confesarse, escuche su confesión y absuélvalo. Si no pide confesarse, indúzcalo a hacer un buen acto de contrición; si hay tiempo, instrúyalo brevemente sobre la virtud y eficacia de esta bendición; Luego enséñele y exhórtelo a invocar el santísimo nombre de Jesús, al menos en su corazón, a llevar de buen grado las molestias y dolores de la enfermedad en expiación de la vida pasada, y a ofrecerse a Dios, dispuesto a aceptar en adelante todo lo que le plazca, y a morir con paciencia en satisfacción de las penas que ha merecido pecando.

4. Instrucción y preces.

Luego consuélelo con palabras santas, despertando en él una esperanza firme, de que obtendrá, por efecto de la liberalidad divina, la remisión de las penas debidas y la vida eterna: con este fin podrá hablar al enfermo con las palabras siguientes u otras semejantes.

NOTA: DONDE SE OFRECE LA TRADUCCIÓN LATÍN-ESPAÑOL, EL SACERDOTE PUEDE ELEGIR CUAL DE LAS DOS TRADUCCIONES UTILIZAR.

II – Instrucción
Voy a darte, hermano mío, la Bendición Papal. Es una gracia más que el Señor te concede en tu enfermedad. Es también una demostración del amor y solicitud de la Iglesia por el bien de tu alma.

La Bendición Papal es una bendición extraordinaria, que el Santo Padre hace llegar a los enfermos por intermedio de los Sacerdotes. Por la Bendición Apostólica se perdona toda la pena temporal debida por los pecados. El efecto de esa absolución se aplica en el momento de la muerte, pero el derecho a recibir tan extraordinario beneficio se adquiere desde el momento en que se da la Bendición. En nombre del Papa vengo, pues, a darte este regalo espiritual.

Ofrece a Dios, con toda resignación, los sufrimientos e incomodidades de tu enfermedad, en expiación de tus pecados; entrégate en sus manos para que disponga de ti y de todas tus cosas, inclusive de tu propia vida, como le agradare.

Invoca ahora el nombre de Jesús con todo tu corazón para que te dispongas a ganar esta indulgencia, y continúa repitiendo este nombre de salvación durante toda tu enfermedad.

Repite interiormente:
III - Preces

V. Para que mis sufrimientos y enfermedades sean aceptados en expiación de mis culpas. R. ¡Óyeme, Jesús!

V.
 Para que en todo me conforme con tu voluntad. R. ¡Óyeme Jesús!

V. Para que no se pierda en mi alma el mérito de tu pasión R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que me seas propicio en el día del juicio. R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi esperanza no desfallezca.
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que no sea confundido eternamente. 
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi alma alcance la gloria de la compañía. de los santos. 
R. ¡Óyeme, Jesús!
IV- Breve acto de contrición.

¡Jesús, mi Señor y Redentor! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
V - Versículos y oraciones.

Luego se dicen las preces, que sin embargo podrán omitirse.


V. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. R. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
R. Que hizo el cielo y la tierra. 
R. Qui fécit caelum et terram.
 
Antífona. No te acuerdes, Señor, de las culpas de tu siervo (sierva) ni tomes venganza de sus pecados.
Antíphona. Ne reminiscáris, Dómine, delícta fámuli tui (fámulas tuae): neque vindíctam sumas de pecátis ejus .

V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison.


V Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, ten piedad de nosotros.
V. Christe, eléison,
R. Christe, eléison.


V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison. 


Sacerdote. Padre Nuestro...
Sacerdos. Pater noster...

V Y no nos dejes caer en la tentación.
R. Mas líbranos del mal.

V Et ne nos indúcas in tentatiónem.
R. Sed líbera nos a malo.


V. Salva a tu siervo (sierva) Señor.
R. Dios mío, porque espera en ti.

V. Salvum (-am) fac servum tuum (ancíllam tuam)
R. Deus meus, sperántem in te.


V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.


V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Dóminis vobíscum.
R. Et cum spítitu tuo.


V Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. V Adjutórium nostrum in nómine Dómini.

CLEMENTÍSIMO Señor, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo, Tú que no quieres que perezca ninguno de cuantos creen en Ti, conforme a la inmensidad de tu misericordia mira propicio a tu siervo (sierva) N., a quien recomiendan la verdadera fe y la esperanza cristiana. Vísitalo (visítala) para que lo (la) salves y concédele benignamente el perdón de todos sus pecados, por los méritos de la pasión y muerte de tu Hijo Jesucristo. Que cuando salga el alma de su cuerpo, encuentre en Ti un Juez indulgente, y que, purificada de toda mancha en la sangre de tu mismo Hijo, merezca pasar a la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amen .

CLEMENTÍSSIME Deus, Pater misericordiárum, et Deus totíus consolatiónis, qui néminem vis períre in te credéntem, atque sperántem; secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum réspice propítius fámulum tuum N., que m (fámulam tuam N., quam) tibi vera fides, et spes christiána comméndant. Vísita eum (eam) in salutári tuo, et per Unigé niti tui passiónem et mortem, ómnium ei delictórum suórum remissiónem, et véniam cleménter indúlge: ut ejus ánima in hora éxitus sui te júdicem propitiátum invéniat, et in sánguine ejúsdem Fílii tui ab omni mácula ablúta, transíre ad vitam mereátur perpétuam. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen .
VI - Confesión general.

Se hace la confesión general, que podrá omitirse si ya se ha rezado.

Yo, pecador ...

Confíteor Deo …
Hecha la confesión general del modo habitual, en latín o en lengua vulgar, el sacerdote dice en singular: 

Misereátur tui, etc., Indulgéntiam ... tuórum tríbuat tibi, etc.

SacerdoteDios omnipotente tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. R. Amén. Sacerdos. Misereátur tui, omnípotens Deus, et dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam aeternam. R. Amén.

El Señor omnipotente y misericordioso te conceda indulgencia, absolución y remisión de tus pecados. R. Amén. Indulgéntiam, absolutiónem et remissiónem peccatórum tuórum tríbuat tibi omnípotens et miséricors Dóminus. R. Amén.

VII - Bendición Apostólica.
Luego, elevando la mano derecha hacia el enfermo, da la Bendición:

Dóminus noster Jesus Christus, Fílius Dei vivi, qui beáto Petro Apóstolo suo dedit potestátem ligándi, atque sol di, per suam piísimam misericórdiam recípiat confesiónem tuam, et restítuat tibi stolam primam, quam in Baptísmate recepísti: et ego facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo. In nómine Patris, et Fílii, ╬ et Spíritus Sancti. R. Amén.

VIII - Conclusión.
Per sacrosáncta humánre reparatiónis mystéria remíttat tibi omnípotens Deus omnes prteséntis et futúrae vitae poenas, paradísi portas apériat, et ad gáudia sempitérna perdúcat. R. Amen.

Benedícat te omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus. R. Amen.


IX - En los casos de cierta urgencia.

En caso de necesidad es suficiente decir:

Ego, facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo, et benedíco te. In nómine Patris, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
X - Rúbricas.

Cuando esta Bendición Apostólica se imparte a varios enfermos a la vez, se dice todo lo anterior una sola vez, cambiando solamente el singular por el plural.

Luego rece el sacerdote las oraciones de la Recomendación del alma con la mayor devoción posible, y exhorte a los familiares y presentes que recen al mismo tiempo por el moribundo.

Catecismo Tradicional.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Oración de Santa Teresita para los Sacerdotes


¡Oh Jesús! Eterno Supremo Sacerdote, guarda a tu sacerdote al abrigo de tu Santísimo 
Corazón, dónde nadie le pueda dañar. Conserva inmaculada sus manos consagradas, que tocan diariamente tu sagrado Cuerpo. Conserva puros los labios coloreados por tu Preciosa Sangre. 
Conserva limpio y puro su corazón, que está sellado con la sublime señal de tu glorioso 
sacerdocio. Haz que crezca en el amor y la fidelidad hacia ti y protégelo contra el contagio del mundo. Concédele, con el poder de la transformación del pan y del vino, también el poder de la 
transformación de los corazones. Concede muchos frutos a su trabajo y dale, en su día la corona de la vida eterna. 
Amén.


martes, 9 de septiembre de 2014

De los Vicios Capitales y de otros pecados más graves


Vicio es una mala disposición del ánimo a huir del bien y hacer el mal, causada por la frecuente repetición de los actos malos. Entre pecado y vicio hay esta diferencia: que el pecado es un acto que pasa, mientras el vicio es una mala costumbre de caer en algún pecado.

Los vicios que se llaman capitales son siete:

1. La soberbia es un deseo desordenado de nuestra propia elevación y una vana complacencia de nosotros mismos. Casi todos los vicios nacen de la soberbia como de su primer origen. Los principales son: la vanagloria, la jactancia, el lujo, el fausto, la ambición, la hipocresía, la presunción, la altanería, la terquedad, la desobediencia y la ilusión sobre nuestros propios defectos.
2. La avaricia es un amor desordenado al dinero y a los bienes de la tierra. Buscar la fortuna para un buen fin, subordinada a los deberes y a la salvación, es cosa honesta; buscarla de otro modo, es avaricia. Produce negligencia en las cosas del espíritu, nos hace duros con los pobres, injustos, querellosos y engañadores.
3. La lujuria o el vicio contrario a la castidad, prohibido por el sexto y noveno mandamientos. Produce disgustos de la piedad, ceguedad de espíritu, endurecimiento de corazón, entibiamiento y aun extinción de la fe. Destruye también la salud del cuerpo y las más bellas cualidades del alma, perturba las familias y las arruina, y conduce muchas veces por último a la impenitencia final.
4. La ira es una emoción, un transporte desordenado del alma, que nos impulsa con violencia hacia lo que nos place y nos induce a vengarnos de todo lo que nos contraría. Son efecto de la ira: el odio, la venganza, las imprecaciones, las blasfemias y los ultrajes.
5. Se llama gula al amor desordenado de la bebida y de la comida, o la mala inclinación que induce al hombre al uso inmoderado de los alimentos. Este vicio abyecto hace al que lo tiene, esclavo de su vientre, según la expresión del Apóstol (Fil. 3, 19). La gula produce la embriaguez, la impureza, los arrebatos, las blasfemias, el disgusto de las cosas espirituales, el entorpecimiento del espíritu y el desprecio de las leyes de la Iglesia, como son el ayuno y la abstinencia.
6. Se entiende por envidia, la tristeza que se experimenta por el bien espiritual o temporal del prójimo, mirándolo como una disminución de nuestro bienestar o de nuestro mérito. Este vicio produce los juicios temerarios, la maledicencia, el gozo maligno ante las faltas o desgracias del prójimo, el odio y las vejaciones de todo género.
7. Se define la pereza como un amor desordenado al descanso, una languidez del alma, y una repugnancia al trabajo exigido por nuestros deberes. Produce la ociosidad, la pérdida del tiempo, la negligencia, la ignorancia, la inconstancia en las buenas resoluciones, el tedio, las tentaciones de toda especie y la constante languidez que nos predispone a las caídas (F. X. Schouppe  S.J., Curso abreviado de religión, París-México, 1906, pp. 436-438).

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Los vicios capitales se vencen con el ejercicio de las virtudes opuestas. Así, la soberbia se vence con la humildad; la avaricia, con la generosidad; la lujuria, con la castidad; la ira, con la paciencia; la gula, con la templanza; la envidia, con la caridad fraterna; la pereza, con la diligencia y fervor en el servicio de Dios.

Estos vicios se llaman capitales porque son la fuente y causa de muchos otros vicios y pecados.

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis: 1) la desesperación de salvarse; 2) la presunción de salvarse sin merecimientos; 3) la impugnación de la verdad conocida; 4) la envidia o pesar de la gracia ajena; 5) la obstinación en los pecados; 6) la impenitencia final.

Estos pecados se dice que son en particular contra el Espíritu Santo porque se cometen por pura malicia la cual es contraria a la bondad que se atribuye al Espíritu Santo.

Los pecados que se dicen clamar al cielo son cuatro: 1) el homicidio voluntario; 2) el pecado impuro contra el orden de la naturaleza; 3) la opresión del pobre; 4) la defraudación o retención injusta del jornal, del trabajador.

Se dice que estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos (Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 127-128).

domingo, 31 de agosto de 2014

SAN MIGUEL ARCÁNGEL, DEFENSOR DE LOS MORIBUNDOS Y PSICOPOMPO


San Miguel Arcángel, gloriosísimo príncipe de los ejércitos celestiales, tiene como tarea rescatar a las almas de los fieles del poder y tentaciones del Antiguo Enemigo.
Por eso es el protector de las parturientas, de los niños que han de nacer y de los recién nacidos. Pero especialmente a la hora de la muerte, ya que ese estado de espera hasta reunirse con Dios es el más aprovechado por Satanás para buscar los resquicios por los que pervertir el alma y así poder llevársela para siempre.
El soberbio y arrogante Satanás tiembla sólo con escuchar su nombre, pues le recuerda el grito de «Quis ut Deus?» con que el humilde San Miguel le respondió cuando se rebeló contra Dios bajo el grito de «Non Serviam!» (¡No te serviré!).
La mayor parte de los ángeles, unidos al grito de «Quis ut Deus?» (¿Quién como Dios?) siguieron a San Miguel Arcángel y, capitaneados por éste,derrotaron a Satanás y a los ángeles que le habían seguido en su pérfida rebelión.
La muerte es una clara (y tangible)constatación de las consecuencias del pecado original en nuestra naturaleza. Desde momentos antes de producirse, los demonios ya preparan sus tentaciones para actuar en la última oportunidad que van a tener de llevarse consigo al moribundo: hacerle morir en la impenitencia final.
Sin embargo, aparte de que Dios nunca permite que seamos tentados por encima de nuestras propias fuerzas, en esos terribles y angustiosos momentos de la muerte tambiénacudirá el Arcángel San Miguel a la cabeza de otros ángeles, con el objetivo de conseguir que el moribundo muera con la perseverancia final de la fidelidad a Cristo. O bien, si vivió infiel a Cristo, se presentarán allí con el objetivo de que alcance el arrepentimiento y perdón de sus pecados antes de que sea demasiado tarde.
Después, en el instante mismo de su muerte, tiene lugar el Juicio Particular; se le presentan —ya visiblemente— los demonios, encabezados por su príncipe, el Antiguo Enemigo del género humano, frente a San Miguel Arcángel, que tendrá como tarea defenderle en ese juicio y, si sale absuelto, conducirlo protegido hasta el Cielo (directamente o llevándole primero alPurgatorio).
Dentro de la Escatología (definida fundamentalmente en 1274 en el Concilio II de Lyon, en la constitución Benedictus Deusde 1336, promulgada por Benedicto XII y en 1439 en el Concilio de Florencia), se distinguen la Escatología Intermedia y la Escatología Final.
El Juicio Particular, producidoinstantáneamente tras la muerte, se contiene en la Escatología Intermedia. El alma, al separarse del cuerpo, recibe la salvacióneterna (bien sea inmediata o bien tras la conveniente purificación en el Purgatorio), o lacondenación eterna.
La Escatología Intermedia es la fase personal dentro de la lucha cósmica que se produce, por un lado, entre Satanás (que ampara la Ciudad del hombre mundano) y San Miguel, que combate con las fuerzas de Dios (y que ampara la Ciudad de Dios). En este caso, entablan una lucha por el alma del moribundo.
Cada día, antes de oficiar el Santo Sacrificio de la Misa, San Anselmo rezaba la siguiente oración:
«San Miguel Arcángel de Dios, custodio del Cielo, venid en mi ayuda en el momento de mi muerte; sed mi defensa contra el Espíritu Maligno y conducid mi alma a la gloria del Paraíso.»

San Anselmo Doctor de la Iglesia, cuenta una interesante anécdota a este respecto: había un piadoso religioso, cuyo bautismo había sido tardío, a quien, en sus últimos momentos, le asaltó el Diablo, apareciéndose para acusarle de todos los pecados que había cometido antes de ser bautizado. En aquellos momentos, se presentó allí San Miguel. Respondió a las acusaciones alegando que todos esos pecados habían sido borrados en culpa y en consecuencias con el Bautismo.
Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. San Miguel declaró entonces que tales pecados le habían sido perdonados en la confesión generalhecha antes de profesar a la vida religiosa. Incansable, Satanás le acusó de sus negligencias y faltas durante su vida religiosa, pero San Miguel refutó las acusaciones dando testimonio sus confesiones y buenas obras durante su vida religiosa, recordándole que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad, vivido con resignación y paz.
San Miguel Arcángel, en efecto, fue siempre reconocido como el gloriosísimo Príncipe de los Ejércitos Celestiales, como protector de los ejércitoscristianos contra los enemigos de la Iglesia y como defensor de los cristianos contra los poderes diabólicos, trabajando por conseguir una buena muertepara cada uno de aquéllos.
Protector de los moribundos, los defiende de las asechanzas del Diablo y los recibe inmediatamente y conduce hasta el Cielo si se lo han ganado y si han salido absueltos del juicio particular.
El Papa San Gregorio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, nos enseña (Homilías sobre los Evangelios 9, 8-9):
«Nosotros debemos procurar y pensar con grandes lamentos cuán rabioso y terrible nos asaltará en el día de nuestra muerte el príncipe de este mundo, nos asaltará reclamando sus obras en nosotros, pues que acudió a Dios que moría en la carne, y hasta buscó algo en él (Is. 14,30), en quien nada suyo pudo hallar…
¿Qué diremos al enemigo que reclama y que halla en nosotros muchas cosas suyas sino solamente que tenemos un refugio seguro y una firme esperanza, porque nos hemos hecho una misma cosa con Aquél en quien el príncipe de este mundo también reclamó algo suyo, pero nada pudo hallar, porque sólo Él está libre entre los muertos (Ps. 87,5), y que ya hemos sido librados del pecado con una verdadera libertad, porque estamos unidos a Aquél que es verdaderamente libre?»
Otro Santo Doctor y Padre de la Iglesia, San Jerónimo, autor de la Vulgata, decía queSan Miguel asiste a las almas desde su aparición sobre la tierra, pero sobre todo en el terrible trance de la muerte.
Orígenes, San Juan Crisóstomo, San Eusebio y otros Padres de la Iglesia nos enseñan también cómo se presenta el Diablo con otros demonios en el momento de la muerte de cada uno y cómo San Miguel acude para cumplir conla psicostasis (pesar las almas) y para efectuar su trabajo de psicopompo.
San Miguel se encarga, pues, de efectuar la psicostasis. Por ello, a lo largo de los siglos, se le ha representado con una balanza, en la que pesa las buenas acciones de cada alma, e interviene Satanás para influir negativamente en este pesaje y lograr que pesen más las malas acciones.
Pero también es psicopompo, porque se encarga deconducir las almas de los difuntos y proteger de los demonios a los moribundos, ayudándoles a obtener una buena muerte y librándolos de los demonios que acechan.
Esta actuación de San Miguel Arcángel aparece testificada ya en la Epigrafía conservada del Cristianismo Primitivo (vid. R. Infante, «Michelle nella Letteratura apocrifa del Giudaismo del Secondo Tempio», Vetera Christianorum34, 1997, 211-229.) e incluso en una obra tan importante para los orígenes del Cristianismo como el Pastor de Hermas (I, 3).
En el monte Gárgano, al sur de la península Itálica, desde el siglo V está presente el culto a «San Miguel Arcángel, taumaturgo, psicopompo, psicagogo», y allí cuenta con un importante santuario, quizá el más importante de cuantos se le han dedicado en la Cristiandad.
A lo largo de la Edad Media, a San Miguel Arcángel se le consagrarán numerosas capillas en los cementerios (vid. E. Mâle,L’art religieux du XII siècle en France, Paris, 1924). En el Museo de Arte Catalán de Barcelona, se conserva una representación románica del siglo XIII en la que se aprecia a los Arcángeles San Miguel y San Gabriel transportando un alma al Cielo.
Cuando el difunto ha alcanzado su salvación, si no tenía que pasar por el Purgatorio,  San Miguel Arcángel en persona lo llevará hasta el Cielo, donde, tras ser recibido por los mártires, por los santos de su devoción y por los seres queridos que se han salvadoSan Miguel Arcángel le presentará a Dios.
Esto ha sido tomado del Blog: IOTA UNUM