jueves, 26 de febrero de 2009

Habla el Padre Mario Trejo

Visto en Secretum Meum Mihi

Información del diario Excelsior de México, Feb-26-2009

26-Febrero-2009

Lefebvristas se dicen acosados

Jeanette Muñoz/ Especial

El obispo británico lefebvrista Richard Williamson, que el pasado martes se vio obligado a abandonar Argentina tras recibir la amenaza de expulsión del gobierno de ese país por sus comentarios sobre el Holocausto, llegó ayer a Londres.

El obispo Williamson, a quien el papa Benedicto XVI le levantó la excomunión el pasado enero, negó que las cámaras de gas nazis se hubieran utilizado para exterminar a judíos y dijo que en el Holocausto no murieron seis millones de personas sino entre 300 mil y 400 mil.

Eliminar fantasmas y erradicar prejuicios eran, en suma, los resultados esperados por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) tras la publicación de la decisión papal acerca del levantamiento de las excomuniones aplicadas, desde 1988, a los cuatro obispos ordenados por Marcel Lefebvre y Antonio de Castro.

La condena impuesta por el Vaticano nunca fue válida o verdadera para los religiosos de la FSSPX, de lo contrario sus miembros se hubieran negado a continuar trabajando en favor de su propia visión de la Iglesia, así lo afirma para Excélsior, Mario Trejo, representante de la asociación religiosa en México.

Sonriente, las palabras de Trejo son enmarcadas por las notas de la soprano que, junto al coro del templo, ensaya un cántico en latín del siglo XVII.

“La congregación había estado buscando, desde 2001, un acercamiento con el Papa, a través de nuestro líder monseñor Bernard Fellay, como una manera de retirar el oprobio que caía sobre la fraternidad.

“Toda persona que tenía un sentir conservador y deseaba seguir la misa tradicional se enfrentaba con la oposición de los obispos, quienes con un simple “tú eres lefebvrista”, podía descalificar tu defensa a los ritos tradicionales. Los hechos recientes nos sirven para borrar ese fantasma.”

El futuro de la congregación no es claro para nadie. El sacerdote lo resume de esta forma: “Antes teníamos la etiqueta de ser excomulgados, ahora parece que somos catalogados como nazis.”

Aunque aclara:

“El caso del obispo Williamson fue una estrategia orquestada por grupos de izquierda de la Iglesia católica, el lado progresista, como lo llamamos nosotros, en contra del lado conservador que busca regresar a los orígenes de la religión. Ha sido una pelea de distintos grupos, donde los progresistas se niegan a discutir el Vaticano II, al argumentar que es dogma de fe.”

Para el entrevistado, es claro que el levantamiento de las excomuniones no equivale a una reintegración de los seguidores de la FSSPX a la Iglesia católica romana, a pesar de su plena identificación con las creencias teológicas del Vaticano.

“Deseamos estar bien con la Santa Sede. Nosotros queremos ser católicos, queremos ser romanos, pero eso no implica que debamos ceder en cosas, sobre las cuales la fe católica no ha cedido nunca”.

“Todos los grupos tradicionalistas buscan guardar la fe, pues en tiempo de incertidumbre es a lo único a lo que nos podemos agarrar. Creemos en lo que siempre ha creído la Iglesia, en las cosas esenciales”.

Una de las razones principales de la separación de Roma y la Fraternidad fue la negativa de los seguidores de Marcel Lefebvre de acatar las reformas al catolicismo impuestas en el Concilio Vaticano II (CVII), por ser éste un documento que modifica la concepción del papel del sacerdote dentro de una congregación, así como una serie de variantes litúrgicas (ritos) entre las que se incluyen la aceptación de las lenguas maternas de cada país para la celebración de la misa y la integración simbólica del pastor con la comunidad al situarse de frente al pueblo a la hora de las ceremonias, explica en entrevista el sociólogo de la religión, Roberto Blancarte.

Según el doctor del Colegio de México, en la tradición preconciliar el sacerdote se asume como un pastor que está por encima de las ovejas, mientras que el rito actual convierte al sacerdote en uno más de sus participantes.

Al respecto, Trejo afirma que el Vaticano II puede ser interpretado como un aggiornamento, es decir, como un intento de poner al día a la Iglesia. La iniciativa ha tenido efectos a largo plazo: modificación de cuestiones fundamentales del catolicismo y, en consecuencia, una pérdida de identidad.

Por el contrario, Blancarte considera que el CVII fue un importante intento por abrir la religión al mundo y permitir una mayor participación de los feligreses en las cuestiones relacionadas a sus propias creencias.

“Después del Concilio Vaticano II —afirma Trejo, sacerdote de origen argentino— hay una crisis vocacional muy fuerte. Ya no hay sacerdotes, ellos lo abandonaron todo después de la década de los 70, colgaron la sotana, como se dice. Los seminarios se están vaciando, las iglesias se están cerrando, los fieles ya no acuden a la Iglesia. Los tradicionalistas sólo reaccionamos a un Concilio que no fue dogmático, sino pastoral, es decir que en él los errores fueron posibles, quienes participaron no son infalibles. Todos nos podemos equivocar.

“Roma tiene la infabilidad en doctrinas de fe y en cuestiones de moral. El Concilio Vaticano no es dogma de fe, pero aún así, se ha impuesto de una manera brutal. Ha vaciado nuestras iglesias y ha hecho que la gente pierda sus creencias.

“No es que estemos a favor o en contra del Vaticano II, lo que buscamos es guardar la integridad de la fe católica. Hay muchos frutos negativos de este concilio y esto no quiere decir que nosotros nos queramos hacer los santos”.

En un documento fechado el 4 de febrero de 2009, la Secretaria de Estado del Vaticano afirma que la plena integración de la FSSPX sólo podrá hacerse realidad a partir de la completa aceptación de lo estipulado en el Concilio de la década de los 60. Trejo es conciente de ello:
“Algunas autoridades romanas piensan que se pueden discutir algunos puntos, incluso el propio papa Benedicto XVI, quien ha usado algunas expresiones acerca de la crisis que se ha generado a partir del Vaticano II. El papa Paulo VI dijo alguna vez que después del Concilio, la Iglesia se estaba autodemoliendo. Es un hecho de que a pesar de todo, nuestra congregación puede llegar a discutirlo”.

Los también llamados lefebvristas se separaron por razones teológicas, afirma el investigador del Colegio de México, pero tienen la voluntad de mantener la unidad de la Iglesia católica. A Roma, por su parte, le interesa que todos estén incluidos dentro de su religión, a pesar de la diferencia entre las opiniones. “Finalmente, éste es el espíritu básico del catolicismo, la diversidad”, remata.

Trejo admite que numéricamente no representan nada, en comparación con los millones de católicos del mundo, pero piensa que de concretarse una integración definitiva, la fraternidad podría contribuir a la formación de sacerdotes y ayudar en los seminarios.

A pesar de tener que acatar el Concilio Vaticano II, la fraternidad no está en posición de exigir nada a Roma.

“Nosotros no podemos hablar de tú a tú con el Vaticano, si podemos ayudarlo, lo haremos y ello no implica que estemos esperando recibir algo a cambio. La solución de la crisis al interior de la Iglesia no va a venir de nosotros, se va a dar por la intervención papal, sólo de Benedicto XVI o de su sucesor depende.

“Monseñor Fellay dijo algo muy importante al cardenal Castrillón Hoyos: El día en que ustedes solucionen los conflictos en la Iglesia, la fraternidad va a dejar de ser el problema”.

Por el momento, la decisión de derogar las excomuniones ha sido tomada con optimismo por líderes de diferentes grupos de tendencias tradicionalistas. En opinión de Arturo Ibarra Gallardo, representante de Una Voce México (asociación que agrupa a fieles laicos favorables a la práctica de la misa tradicional en latín), la iniciativa papal, así como la anterior promulgación del documento Motu Proprio Summorum Pontificum, son factores que muestran la disposición de llegar a un acuerdo:

“La comprensión y la generosidad beneficiará no sólo a los lefebvristas, o a quienes nos adherimos a los rituales tradicionales, sino a todos los fieles en su conjunto, porque de todos es conocida la santidad proveniente del fiel apego a las doctrinas cristianas. Mucho bien ha hecho la misa en latín a la espiritualidad de los católicos de varias generaciones”.

Ibarra agrega que con la decisión papal “los dirigentes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X recobrarán la confianza perdida tras la incomprensión general que padecieron en la tormentosa época de los años 70. Podrán reintegrarse en la vida de la Iglesia católica, sin que ello represente un obstáculo para su apostolado”.

No hay comentarios: