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sábado, 20 de octubre de 2012

¿Quien fue Annibale Bugnini?

El R.P. Bugnini, principal autor del Novus Oordo Missae

 "No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros.

 Se trata, en realidad, de una 
restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva."  (*94)




ANNIBALE BUGNINI (1912-1982).

 ¿Quién era el Padre Bugnini?

Director de las  Ephemerides liturgicæ, el Padre Annibale Bugnini, C.M. había sido miembro de la
Commissio piana (1948-1960) y luego Secretario de la comisión preconciliar (1960-1962). Vale la pena mencionar que también era un profundo admirador de los trabajos del Centro de Pastoral Litúrgica francés. Pero en 1962, a instancias del Cardenal Larraona, Presidente de la comisión conciliar de laliturgia, Juan XXIII relevó a Annibale Bugnini de su cátedra de docencia de liturgia en Letrán  "me acusaban de iconoclasta" confesó Bugnini (*103)

Juan XXIII no quiso guardarlo en sus funciones de secretario de la comisión conciliar y nombró en su lugar al Padre Ferdinando Antonelli. Pero Pablo VI nombró a Bugnini Secretario del Consilium en 1968.

Monseñor Lefebvre solía contar a sus seminaristas una anécdota (*104)

En diciembre de 1967, durante una asamblea de la Unión Mundial de los Superiores Generales a la que asistió Monseñor Lefebvre, el Padre Annibale Bugnini fue invitado a exponer su misa normativa. Lo hizo con gran tranquilidad: para la participación de los fieles — dijo — había que cambiar toda la primera parte de la misa, suprimir el Ofertorio (que sobraba al lado del Canon) y las oraciones del sacerdote antes de la comunión, cambiar y diversificar las oraciones eucarísticas, etc. "Mientras oía esa conferencia, que duró una hora contaba Monseñor Lefebvre —, me decía a mí mismo: '¡No puede ser que ese hombre tenga la confianza del Santo Padre, y que el Papa lo haya elegido para hacer la reforma de la liturgia!' Teníamos ante nosotros a un hombre que pisoteaba la liturgia antigua con un desprecio y un descaro inimaginables. Yo, que suelo tomar la palabra con facilidad, como lo había hecho en el Concilio, no tuve valor para ponerme de pie; estaba consternado; las palabras se me atragantaban. Sin embargo, se levantaron dos Superiores Generales. El primero dijo: '¡Padre, si entiendo bien, después de suprimir el Confiteor y el Ofertorio, acortar el Canon, etc., una misa privada durará entre diez y doce minutos!' El Padre Bugnini respondió: '¡Siempre se puede añadir algo más!'
 Bien se veía la poca importancia que le daba a la Misa y a la manera de decirla
"El segundo, un abad benedictino, intervino: 'La partcipación activa, ¿es una participación corporal o espiritual?‘ ( Buena  pregunta). 'La misa normativa está prevista en función de una asistencia de  los fieles, pero nosotros, benedictinos, que decimos nuestra misa sin fieles, ¿qué haremos ahora?' La respuesta de Bugnini fue la siguiente: 'A decir verdad, no habíamos pensado en ello'. Eso dice bastante sobre el espíritu de esa reforma"

 Otro día, el Arzobispo escuchó de boca de Monseñor Cesario D’Amato, Abad de San Pablo Extramuros (*105) "Monseñor, no me hable del Padre Bugnini, sé demasiado sobre él, ¡no me pregunte quién es!"
Ante la insistencia del Prelado, el Abad le repitió: "No puedo hablarle de Bugnini"

" Pero ¿Quién es este Bugnini?"  Se preguntaba Mons. Lefebvre.  El Card. Antonelli, decía de él:
" Podría decir muchas cosas de este hombre. Debo añadir que siempre ha sido sostenido por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su  falta de formación y de sensibilidad teológica" (*106)

El Canónigo Andrea Rose, que trabajó a su lado, decía que "Bugnini carecía de profundidad de pensamiento. Fue grave nombrar a un veleta como él en el puesto que desempeñaba. ¡Que la gestión de la liturgia estuviera en manos de un hombre semejante, de un superficial...! (…)  Manipulaba a Pablo VI : iba a informarle, pero le contaba las cosas a su sabor. Luego volvía diciendo: 'El Santo Padre desea esto, el Santo Padre desea aquello'; pero era él quien, por debajo de cuerda..." (*107)


En una visita al Cardenal  Amleto Cicognani, que aún era Secretario de Estado, en febrero de1969, para expresarle su inconformidad por los nuevos cánones, Monseñor Lefebvre le preguntó: "Eminencia, ¡no puede dejar pasar esto! Es una revolución en la liturgia y en la Iglesia" "¡Ya lo sé, Monseñor!" — le respondió el Cardenal, con la cabeza entre las manos —,pienso exactamente igual que usted. Pero ¿qué quiere que haga?  ¡El Padre Bugnini entra y sale del despacho del Santo Padre y le hace firmar lo que quiere! " 

Pasando luego a la Congregación de Ritos, Monseñor Lefebvre habló de la comunión en la mano (cuyo decreto de autorización estaba en preparación en el Consilium  con el Cardenal Gut, que le confesó: "Soy Prefecto de la Congregación de Ritos, pero no soy yo quien manda aquí. Adivine usted quién es el que manda …" El omnipotente Padre Bugnini…

La influencia de Annibale Bugnini sobre Pablo VI y el modo "dictatorial"de sus decisiones, pasando
por encima de los prefectos de la Congregación de Ritos, siguen siendo un enigma. "Es indudable — decía Mons. Lefebvre en 1974 — que entre el Santo Padre y los organismos que están en manos de Monseñor Bugnini han sucedido algunas cosas inadmisibles. Algún día se sabrá todo"

El Arzobispo creyó "saberlo" cuando Pablo VI, con motivo de la fusión de la Congregación del Culto Divino con la de los Sacramentos, el 11 de julio de 1975, puso fin a las actividades de Monseñor Bugnini, para nombrarlo, sólo seis meses después, Pro-nuncio en Teherán. Corrió la noticia de que una cartera comprometedora, que Annibale Bugnini había extraviado, revelaba su pertenencia a la masonería. Sin embargo, él aseguró a Pablo VI que no sabía nada sobre la masonería, "ni qué es, ni qué se hace, ni cuáles son sus fines" (*108)

En el año 1976 circuló la correspondencia apócrifa entre Bugnini y un supuesto Gran Maestre, y también circularon listas de afiliaciones de muchos prelados de la Curia y otros a una sociedad secreta romana, de 1963 a 1971. 
Bugnini, "Buan" para los iniciados, se habría inscrito el 23 de abril de 1963. Monseñor Lefebvre dio
crédito al rumor y a esos documentos sospechosos, y publicó lo siguiente: "Nos hemos enterado en Roma de que quien fue el alma de la reforma litúrgica es un masón" El misterio o la mistificación perduran.

Incompetente, sin formación doctrinal, superficial, manipulador, sospecho de masonería, "iconoclasta"
y lleno de desprecio por la liturgia tradicional : tales parecen ser las "cualidades" del principal autor del N.O.M. Que se nos perdone la ironía, pero se nos viene a la mente el dicho : "A tal palo, cual astilla…"

Fuente:

Citas:

(*94) Annibale Bugnini, Declaración de la Congregación de Ritos y del Consilium de liturgia del 4 de enero de 1967, citado por LouisSalleron en  La Misa Nueva, Iction (1978), p. 217.
(*103) Citado por Mons. Tissier en en  Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002).
(*104) Citada por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en  Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002), p. 414-425
(*105) Nombrado en 1960 miembro de la comisión preparatoria para la reforma litúrgica, de la que formaban parte Antonelli y Bugnini.
(*106) Revista Sí Sí No No de abril 2000,  Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica
(*107) Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica
(*108) Carta a Pablo VI, 22 de octubre de 1975, citada por el mismo Bugnini en
 La reforma, p. 81

sábado, 22 de septiembre de 2012

Posible tercer secreto de Fatima

RC publica lo que puede ser el tercer secreto de Fatima. Ver el desarrollo AQUI

Tuy 1/4/1944


Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: Esta parte es la apostasía en la Iglesia!

Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el “santo Padre” frente a una multitud que lo vitoreaba.

Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.
Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico (bico, en portugués) en el tejado del edificio.

Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.

En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima. Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima. La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.

Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito, en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44

viernes, 3 de agosto de 2012

Cuando el Vaticano era católico

Imagenes del Vaticano en tiempos de Pio XII (esta en aleman)

martes, 12 de julio de 2011

Ahora resulta que L’Osservatore Romano presenta visión positiva de Harry Potter

Por sus frutos los conocereis... Aquí dejo la noticia para que vean lo que este infiel y traidor diario publica hoy en día, ya vemos que no solo ha entrado a la Iglesia el humo de Satanás sino el mismo Satanás... Será uno más de los frutos del CVII?


ROMA, 12 Jul. 11 / 02:35 pm (ACI/EWTN Noticias)

Entrando levemente en las controversias morales referidas al polémico mensaje de los siete tomos de la novela fantástica de Joanne K. Rowling, el diario vaticano L’Osservatore Romano presentó en su edición del 13 de julio una evaluación positiva de la última película final de la secuela de Harry Potter que se estrena esta semana a nivel mundial.

Gaetano Vallini escribe en LOR que "el final es épico, con una batalla digna de una saga del inigualable éxito planetario. El encuentro definitivo entre las fuerzas del bien y del mal es verdaderamente de sangre, en una atmósfera bastante oscura".

"Los apasionados por la saga ya lo saben todo: para ellos el tema de la cinta está en entender cuán fiel es esta última película al libro. Hasta ahora no se han lamentado y creemos que no tendrán motivo para hacerlo tampoco ahora".

El autor advierte sin embargo que "la atmósfera, que en los últimos episodios era cada vez más inquietante y tenebrosa, aquí llega al punto máximo con una Hogwarts reducida a un cúmulo de ruinas humeantes. Esto podrá no gustarle a todos, como sucedió sobre todo con el film anterior, creando malestar en los espectadores más pequeños. La muerte, que antes era un acontecimiento extraño, casi un accidente en el camino, aquí es protagonista".

"En el encuentro final se ve mucha sangre y mueren muchos: magos más o menos grandes, profesores más o menos expertos. Y también este aspecto cada vez más violento reúne los motivos para que no sea agradable o adaptable a todos".

Vallini sostiene sin embargo que "en la saga el mal no es nunca fascinante y tampoco al final de cuentas el maligno aparece más atractivo. Se confirma en vez de eso los valores de la amistad y el sacrificio, en una singular y larga novela de formación que –a través de etapas también dolorosas ante la muerte y la experiencia de la pérdida– ve al héroe y sus compañeros pasar de la alegre despreocupación de la infancia a la realidad compleja de la edad adulta".

Finalmente Vallini señala que "así se cierra entonces. Y para algunos, sobre todo para quienes nunca gustaron de la saga, será una especie de liberación".

sábado, 25 de junio de 2011

Ningún ofrecimiento ha sido hecho a la Fraternidad


Para leer la entrada haga click aquí.

Sermon completo (en ingles) aqui

viernes, 17 de junio de 2011

Misa Sacrílega en puerta para el 26 de junio: «Misa estilo Viejo Oeste»


El próximo 26 de junio, el rector de la Catedral de Viena, Fr. Anton Faber, celebrará, por cuarto año consecutivo, la «Misa estilo Viejo Oeste». Este acontecimiento tendrá lugar durante el llamado Donauinselfest, festival de la isla de Danubio.

La mayoría de los participantes de la «Misa estilo Viejo Oeste» estarán en un ambiente de cervecería, y mientras Fr. Faber ofrece la Misa, se fumará, beberá y comerá. En estas condiciones recibirán la Santa Comunión.

Para seguir leyendo click sobre la imagen ó aquí

Fuente: Biblia y Tradición.

martes, 17 de mayo de 2011

Carta abierta a Benedicto XVI de los jóvenes seminaristas de Milán, clamando porque les dejen ser católicos.

Navegando por el Blog del P.Terzio (Ex Orbe) me encontré con un comentario que emitió uno de sus lectores acerca de esta carta y he querido publicarla... como verán aqui está uno más de los frutos del concilio vaticano II... Dios tenga misericordia de su pueblo y oremos para que su Santa Madre Iglesia sea restaurada!

Carta abierta del 19 de febrero de 2011

Su Santidad,

Nosotros queremos el motu proprio en Milán, y lo queremos también en nuestro seminario, donde las liturgias que se llevan a cabo son de inspiración protestante, al estilo “Bose”.

Santo Padre, eminencias, excelencias, fieles: venid a ver cómo se celebra en el seminario de Milán, el acondicionamiento litúrgico de nuestra capilla, venid a ver la supuesta imagen de la virgen (una mujer desnuda, sentada en una postura sensual ante el tabernáculo). Y comprenderéis. Por nuestra parte, entendemos que los tiempos cambian, que la historia evoluciona, pero el corazón de la gente necesita las respuestas de siempre, una verdad siempre igual: Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre.

¿Por qué, como católicos y como seminaristas, no podemos formarnos en el conocimiento de la tradición bimilenaria de la iglesia? No pedimos que se imponga el rito antiguo. Nos conviene que siga siendo una forma extraordinaria. Pero ¿por qué no podemos estudiarlo de modo oficial, y, puntualmente, celebrarlo y practicarlo, en vez de hacerlo a escondidas, en la clandestinidad, a espaldas del rector y de nuestro director espiritual, de noche, en nuestras habitaciones, como si se tratara de un acto de desobediencia a la Iglesia?

En cambio, se nos impone una sensibilidad litúrgica creativa, inventada por la comunidad de Bose, que no es nuestra vocación, que no corresponde a los motivos que nos llevaron a seguir al Señor en la Iglesia Católica. No queremos ser sacerdotes para vivir al estilo Bose o para celebrar ritos sincretistas. Quienes tienen esa sensibilidad, tienen plena libertad para ir a Bose.

Nosotros queremos poder cantar el Tantum ergo en latín (¡prohibido por nuestro reglamento!) Y no sólo los cánones de Taizé en inglés o español.

¿Será posible que quien piense así deba vivir disimulando, callándose y fingiendo que todo va bien?

¿Qué problema hay, nos preguntamos, en querer ser católicos del tercer milenio, evangelizadores de nuestro tiempo y, al mismo tiempo, rezar como lo han hecho los sacerdotes, los laicos de la Iglesia Católica de rito ambrosiano?

Lo repetimos: no queremos absolutizar, no pedimos una vuelta absoluta al rito antiguo, sino que queremos un verdadero respeto, auténtico, desideologizado, de la Iglesia, su historia, su tradición, su riqueza espiritual que pueden alimentar verdaderamente un alma que quiere conformarse a Cristo sacerdote.

Agradeceremos a todos los que recuerden en sus oraciones a quienes, como nosotros, buscan seguir al Señor, en línea con su Iglesia, con nuestras dificultades y nuestros límites, pero iluminados por la espléndida gracia de Nuestro Señor Jesucristo.

Hacemos votos para que nuestro humilde pedido pueda llegar al corazón de quien ama a la Iglesia y que quiere servir a sus hermanos en las cosas de Dios.

San Ambrosio y San Carlos, interceded por nosotros.

En Jesús y María.

Seminaristas de Seveso
(Arzobispado Metropolitano de Milán)

Fuente: MatercastissimaEnlace

lunes, 16 de mayo de 2011

RITUS ROMANUS ET RITUS MODERNUS


RITUS ROMANUS ET RITUS MODERNUS

¿Hubo reforma litúrgica antes de Paulo VI?

por Mons. Klaus Gamber
Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona



En el articulo "Cuatrocientos años de Misa Tridentina", publicado en diversas revistas religiosas, el profesor Rennings se aplico a presentar el nuevo misal, o sea el Ritus Modernus , como derivación natural y legitima de la liturgia romana. Según dicho profesor, no habría existido una Misa San Pío V sino únicamente por ciento treinta y cuatro años, es decir, de 1570 a 1704, año en el cual apareció bajo las modificaciones deseadas por el Romano Pontífice de entonces. Continuando con tal modo de proceder, Paulo VI, según Rennings, habría a su vez reformado el Missale romanum para permitir a los fieles entrever algo más de la inconcebible grandeza del don que en la Eucaristía el Señor ha hecho a su Iglesia.

En su articulo, Rennings se hace fuerte sobre un punto débil de los tradicionalistas: la expresión Misa Tridentina o Missa sancti Pii V . Propiamente hablando una Misa Tridentina o de San Pío V no existió nunca, ya que, siguiendo las instancias del Concilio de Trento, no fue formado un Novus Ordo Missae , dado que el Missale sancti Pii V no es más que el Misal de la Curia Romana, que se fue formando en Roma muchos siglos antes, y difundido especialmente por los franciscanos en numerosas regiones de Occidente. Las modificaciones efectuadas por San Pío V son tan pequeñas, que son perceptibles tan sólo por el ojo de los especialistas.

Ahora, uno de los expedientes al cual recurre Rennings, consiste en confundir el Ordo Missae con el Proprium de las misas de los diferentes días y de las diferentes fiestas. Los Papas, hasta Paulo VI, no modificaron el Ordo Missae , aun introduciendo nuevos propios para nuevas fiestas. Lo que no destruye la llamada Misa Tridentina más de lo que los agregados al Código Civil destruyen al mismo.

Por lo tanto, dejando aparte la expresión impropia de Misa Tridentina, hablamos más bien de un Ritus Romanus. El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missae aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio I (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el siglo V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar el Canon Missae Romanae , dado que dicho canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro.

Más por lo que concierne a las otras partes del Ordo, como para el Proprium de las varias Misas, respetaron el uso de la Iglesias locales.

Hasta San Gregorio Magno (590-604) no existió un misal oficial con el Proprium de las varias Misas del año. El Liber Sacramentorum fue redactado por encargo de San Gregorio al principio de su pontificado, para servicio y uso de las Stationes que tenían lugar en Roma, o sea para la liturgia pontifical. San Gregorio no había tenido ninguna intención de imponer el Proprium de dicho misal a todas las Iglesias de Occidente. Si posteriormente dicho misal se convirtió en el armazón mismo del Missale Romanum de San Pío V, se debió a una serie de factores de los cuales no podemos tratar ahora.

Es interesante notar que cuando se interrogó a San Bonifacio (672-754) que se encontraba en Roma, con respecto a algún detalle litúrgico, como el uso de las señales de cruz a efectuarse durante el canon, éste no se refirió sobre el sacramentaris de San Gregorio, sino sobre aquel que estaba en uso entre los Anglosajones, cuyo canon estaba en todo conforme a aquel de la Iglesia de Roma...

En el Medioevo, las diócesis y las iglesias que no habían adoptado espontáneamente el Misal en uso en Roma, usaban uno propio y por esto ningún Papa manifestó sorpresa o disgusto...

Mas cuando la defensa contra el protestantismo hizo necesario un Concilio, el Concilio de Trento encargo al Papa de publicar un misal corregido y uniforme para todos. Ahora, pues, con la mejor voluntad del mundo, yo no llego a encontrar en tal deliberación del Concilio el ecumenismo que ve Rennings.

¿Qué hizo San Pío V? Como ya hemos dicho, tomó el misal en uso en Roma y en tantos otros lugares, y lo retocó, tomó, especialmente reduciendo el número de las fiestas de los Santos que contenía. ¿Lo hizo tal vez obligatorio para toda la Iglesia? ¡ En absoluto! Respetó hasta las tradiciones locales que pudieran jactarse, por lo menos, de doscientos años de edad. Así propiamente: era suficiente que el misal estuviera en uso, por lo menos, desde doscientos años, para que pudiera quedar en uso a la par y en lugar de aquel publicado por San Pío V. El hecho de que el Missale Romanum se haya difundido tan rápidamente y espontáneamente adoptado también en diócesis que tenían el propio más que bicentenario, se debe a otras causas; no por cierto a presión ejercida sobre ellas por Roma. Roma no ejerció sobre ellas ninguna presión, y esto en una época en la cual, a diferencia de cuanto sucede hoy, no se hablaba de pluralismo, ni de tolerancia.

El primer Papa que osó innovar el Misal tradicional fue Pío XII, cuando modifico la liturgia de la Semana Santa. Séanos permitido observar, al respecto, que nada impedía de restablecer la Misa del Sábado Santo en el curso de la noche de Pascua, aunque sin modificar el rito.

Juan XXIII lo siguió por este camino, retocando las rúbricas. Mas ni el uno ni el otro, osaron innovar sobre el Ordo Misae , que quedó invariable. Pero la puerta había sido abierta, y la cruzaron aquellos que querían una sustitución radical de la liturgia tradicional y la obtuvieron. Nosotros, que habíamos asistido con espanto a esta resolución, contemplamos ahora a nuestros pies las ruinas, no tanto de la Misa Tridentina, más bien de la antigua y tradicional Missa Romana, que había ido perfeccionándose a través del curso de los siglos hasta alcanzar su madurez. No era perfecta al punto de no ser ulteriormente perfectible, pero para adaptarla al hombre de hoy no había necesidad de sustituirla: bastaban algunos pequeñísimos retoques, quedando a salvo e inmutable todo el resto.

Viceversa, se la quiso suprimir y sustituir con una liturgia nueva, preparada con precipitación y, diremos, artificialmente: con el Ritus Modernus . ¡Oh, cómo se ve aparecer en modo siempre más claro y alarmante el oculto fondo teológico de esta reforma ! Sí era fácil obtener una más activa participación de los fieles en los santos misterios, según las disposiciones conciliares, sin necesidad de transformar el rito tradicional. Pero la meta de los reformadores no era obtener la mencionada mayor participación activa de los fieles, sino fabricar un rito que interpretara su nueva teología, aquella misma que está en la base de los nuevos catecismos escolares. Ya se ven ahora las consecuencias desastrosas que no se revelarán plenamente sino en el giro de cincuenta años.

Para llegar a sus fines, los progresistas han sabido explotar muy hábilmente la obediencia a las prescripciones romanas de los sacerdotes y de los fieles más dóciles... La fidelidad y el respeto debido al Padre de la Cristiandad, no llegan hasta exigir una aceptación despojada del debido sentido crítico de todas las novedades introducidas en nombre del Papa.

¡La fidelidad a la Fe, ante todo! Ahora, la Fe, me parece que se encuentra en peligro con la nueva liturgia, aunque no me atrevo a declarar inválida la Misa celebrada según el Ritus Modernus.

¿Es posible que veamos a la Curia Romana y a ciertos Obispos -aquellos mismos que nos quieren obligar, con sus amenazas, a adoptar el Ritus Modernus -, descuidar su propio deber especifico de defensores de la Fe, permitiendo a ciertos profesores de teología a socavar los dogmas más fundamentales de nuestra Fe y a los discípulos de los mismos propagar dichas opiniones heréticas en periódicos, libros y catecismos?

El Ritus Romanus permanece como la última escollera en medio de la tempestad. Los innovadores lo saben muy bien. De aquí parte su odio furioso contra el Ritus Romanus, que combaten bajo el pretexto de combatir una nunca existida Misa Tridentina . Conservar el Ritus Romanus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte.


Mons. KLAUS GAMBER
Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona


Fuente: StatVeritas

Véase tambien: Misa de siempre, o Misa de Pablo VI

domingo, 15 de mayo de 2011

Instrucción "Universae Ecclesiae" sobre la "Summorum Pontificum"

PONTIFICIA COMISIÓN ECCLESIA DEI

INSTRUCCIÓN
sobre la aplicación de la Carta Apostólica
Motu Proprio data "Summorum Pontificum"
de
S. S. BENEDICTO PP. XVI

I.
Introducción

1. La Carta Apostólica Motu Proprio data "Summorum Pontificum" del Sumo Pontífice Benedicto XVI, del 7 de julio de 2007, entrada en vigor el 14 de septiembre de 2007, ha hecho más accesible a la Iglesia universal la riqueza de la Liturgia Romana.

2. Con tal Motu Proprio el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha promulgado una ley universal para la Iglesia, con la intención de dar una nueva reglamentación para el uso de la Liturgia Romana vigente en 1962.

3. El Santo Padre, después de haber recordado la solicitud que los sumos pontífices han demostrado en el cuidado de la Sagrada Liturgia y la aprobación de los libros litúrgicos, reafirma el principio tradicional, reconocido desde tiempo inmemorial, y que se ha de conservar en el porvenir, según el cual «cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe»1.

4. El Santo Padre ha hecho memoria además de los romanos pontífices que, en modo particular, se han comprometido en esta tarea, especialmente de san Gregorio Magno y san Pío V. El Papa subraya asimismo que, entre los sagrados libros litúrgicos, el Missale Romanum ha tenido un relieve histórico particular, y a lo largo de los años ha sido objeto de distintas actualizaciones hasta el pontificado del beato Juan XXIII. Con la reforma litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II, en 1970 el papa Pablo VI aprobó un nuevo Misal para la Iglesia de rito latino, traducido posteriormente en distintas lenguas. En el año 2000 el papa Juan Pablo II promulgó la tercera edición del mismo.

5. Muchos fieles, formados en el espíritu de las formas litúrgicas anteriores al Concilio Vaticano II, han expresado el vivo deseo de conservar la tradición antigua. Por este motivo, el papa Juan Pablo II, con el Indulto especial Quattuor abhinc annos, emanado en 1984 por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, concedió, bajo determinadas condiciones, la facultad de volver a usar el Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII. Además, Juan Pablo II, con el Motu Proprio "Ecclesia Dei", de 1988, exhortó a los obispos a que fueran generosos en conceder dicha facultad a todos los fieles que la pidieran. El papa Benedicto XVI ha seguido la misma línea a través del Motu Proprio "Summorum Pontificum", en el cual se indican algunos criterios esenciales para elusus antiquior del Rito Romano, que aquí es oportuno recordar.

6. Los textos del Misal Romano del papa Pablo VI y del Misal que se remonta a la última edición del papa Juan XXIII, son dos formas de la Liturgia Romana, definidas respectivamente ordinaria y extraordinaria: son dos usos del único Rito Romano, que se colocan uno al lado del otro. Ambas formas son expresión de la misma lex orandi de la Iglesia. Por su uso venerable y antiguo, la forma extraordinaria debe ser conservada con el honor debido.

7. El Motu Proprio "Summorum Pontificum" está acompañado por una Carta del Santo Padre a los obispos, que lleva la misma fecha del Motu Proprio (7 de julio de 2007). Con ella se ofrecen ulteriores aclaraciones sobre la oportunidad y necesidad del mismo Motu Proprio; es decir, se trataba de colmar una laguna, dando una nueva normativa para el uso de la Liturgia Romana vigente en 1962. Tal normativa se hacía especialmente necesaria por el hecho de que, en el momento de la introducción del nuevo Misal, no pareció necesario emanar disposiciones que reglamentaran el uso de la Liturgia vigente desde 1962. Debido al aumento de los que piden poder usar la forma extraordinaria, se ha hecho necesario dar algunas normas al respecto.

Entre otras cosas el papa Benedicto XVI afirma: «No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del ‘Missale Romanum’. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser de improviso totalmente prohibido o incluso perjudicial»2.

8. El Motu Proprio "Summorum Pontificum" constituye una relevante expresión del magisterio del Romano Pontífice y del munus que le es propio, es decir, regular y ordenar la Sagrada Liturgia de la Iglesia3, y manifiesta su preocupación como Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia Universal4. El documento tiene como objetivo:

a) ofrecer a todos los fieles la Liturgia Romana en el usus antiquior, considerada como un tesoro precioso que hay que conservar;

b) garantizar y asegurar realmente el uso de la forma extraordinaria a quienes lo pidan, considerando que el uso la Liturgia Romana entrado en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios;

c) favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia.

II.
Tareas de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei

9. El Sumo Pontífice ha conferido a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei potestad ordinaria vicaria para la materia de su competencia, especialmente para supervisar la observancia y aplicación de las disposiciones del Motu Proprio "Summorum Pontificum" (cf. art. 12).

10. § 1. La Pontificia Comisión ejerce tal potestad a través de las facultades precedentemente concedidas por el papa Juan Pablo II y confirmadas por el papa Benedicto XVI (cf. Motu Proprio "Summorum Pontificum", art. 11-12), y también a través del poder de decidir sobre los recursos que legítimamente se le presenten, como superior jerárquico, contra una eventual medida administrativa del ordinario que parezca contraria al Motu Proprio.

§ 2. Los decretos con los que la Pontificia Comisión decide sobre los recursos podrán ser impugnados ad normam iuris ante el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

11. Compete a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, previa aprobación de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, la tarea de ocuparse de la eventual edición de los textos litúrgicos relacionados con la forma extraordinaria del Rito Romano.

III.
Normas específicas

12. Esta Pontificia Comisión, en virtud de la autoridad que le ha sido atribuida y de las facultades de las que goza, después de la consulta realizada entre los obispos de todo el mundo, para garantizar la correcta interpretación y la recta aplicación del Motu Proprio "Summorum Pontificum", emana la siguiente Instrucción, a tenor del can. 34 del Código de Derecho Canónico.

La competencia de los Obispos diocesanos

13. Los obispos diocesanos, según el Código de Derecho Canónico, deben vigilar en materia litúrgica en atención al bien común y para que todo se desarrolle dignamente, en paz y serenidad en sus diócesis5, de acuerdo siempre con la mens del Romano Pontífice, claramente expresada en el Motu Proprio"Summorum Pontificum"6. En caso de controversias o dudas fundadas acerca de la celebración en la forma extraordinaria, decidirá la Pontificia ComisiónEcclesia Dei.

14. Es tarea del obispo diocesano adoptar las medidas necesarias para garantizar el respeto de la forma extraordinaria del Rito Romano, a tenor del Motu Proprio "Summorum Pontificum".

El coetus fidelum (cf. Motu Proprio "Summorum Pontificum", art. 5 § 1)

15. Un coetus fidelium se puede definir stabiliter existens, a tenor el art. 5 § 1 del Motu Proprio "Summorum Pontificum", cuando esté constituido por algunas personas de una determinada parroquia que, incluso después de la publicación del Motu Proprio, se hayan unido a causa de la veneración por la Liturgia según el usus antiquior, las cuales solicitan que ésta sea celebrada en la iglesia parroquial o en un oratorio o capilla; tal coetus puede estar también compuesto por personas que provengan de diferentes parroquias o diócesis y que, para tal fin, se reúnen en una determinada parroquia o en un oratorio o capilla.

16. En caso de que un sacerdote se presente ocasionalmente con algunas personas en una iglesia parroquial o en un oratorio, con la intención de celebrar según la forma extraordinaria, como previsto en los art. 2 y 4 del Motu Proprio "Summorum Pontificum", el párroco o el rector de una iglesia o el sacerdote responsable admitan tal celebración, respetando las exigencias de horarios de las celebraciones litúrgicas de la misma iglesia.

17. § 1. Con el fin de decidir en cada caso, el párroco, el rector o el sacerdote responsable de una iglesia se comportará según su prudencia, dejándose guiar por el celo pastoral y un espíritu de generosa hospitalidad.

§ 2. En los casos de grupos numéricamente menos consistentes, habrá que dirigirse al ordinario del lugar para individuar una iglesia en la que dichos fieles puedan reunirse para asistir a tales celebraciones y garantizar así una participación más fácil y una celebración más digna de la Santa Misa.

18. También en los santuarios y lugares de peregrinación se ofrezca la posibilidad de celebrar en la forma extraordinaria a los grupos de peregrinos que lo requieran (cf. Motu Proprio "Summorum Pontificum", art. 5 § 3), si hay un sacerdote idóneo.

19. Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la Santa Misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor Supremo de la Iglesia universal.

El sacerdos idoneus (cf. Motu Proprio Summorum Pontificum, art. 5 § 4)

20. Sobre los requisitos necesarios para que un sacerdote sea considerado idóneo para celebrar en la forma extraordinaria, se establece cuanto sigue:

a) cualquier sacerdote que no esté impedido a tenor del Derecho Canónico se considera sacerdote idóneo para celebrar la Santa Misa en la forma extraordinaria7;

b) en relación al uso de la lengua latina, es necesario un conocimiento suficiente que permita pronunciar correctamente las palabras y entender su significado;

c) en lo que respecta al conocimiento del desarrollo del rito, se presumen idóneos los sacerdotes que se presenten espontáneamente para celebrar en la forma extraordinaria y la hayan usado anteriormente.

21. Se exhorta a los ordinarios a que ofrezcan al clero la posibilidad de adquirir una preparación adecuada para las celebraciones en la forma extraordinaria. Esto vale también para los seminarios, donde se deberá proveer a que los futuros sacerdotes tengan una formación conveniente en el estudio del latín8 y, según las exigencias pastorales, ofrecer la oportunidad de aprender la forma extraordinaria del rito.

22. En las diócesis donde no haya sacerdotes idóneos, los obispos diocesanos pueden solicitar la colaboración de los sacerdotes de los institutos erigidos por la Comisión Ecclesia Dei o de quienes conozcan la forma extraordinaria del rito, tanto para su celebración como para su eventual aprendizaje.

23. La facultad para celebrar la Misa sine populo (o con la participación del solo ministro) en la forma extraordinaria del Rito Romano es concedida por elMotu Proprio a todos los sacerdotes diocesanos y religiosos (cf. Motu Proprio "Summorum Pontificum", art. 2). Por lo tanto, en tales celebraciones, los sacerdotes, en conformidad con el Motu Proprio "Summorum Pontificum", no necesitan ningún permiso especial de sus ordinarios o superiores.

La disciplina litúrgica y eclesiástica

24. Los libros litúrgicos de la forma extraordinaria han de usarse tal como son. Todos aquellos que deseen celebrar según la forma extraordinaria del Rito Romano deben conocer las correspondientes rúbricas y están obligados a observarlas correctamente en las celebraciones.

25. En el Misal de 1962 podrán y deberán ser inseridos nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios9, según a la normativa que será indicada más adelante.

26. Como prevé el art. 6 del Motu Proprio "Summorum Pontificum", se precisa que las lecturas de la Santa Misa del Misal de 1962 pueden ser proclamadas exclusivamente en lengua latina, o bien en lengua latina seguida de la traducción en lengua vernácula o, en las Misas leídas, también sólo en lengua vernácula.

27. Con respecto a las normas disciplinarias relativas a la celebración, se aplica la disciplina eclesiástica contenida en el Código de Derecho Canónico de 1983.

28. Además, en virtud de su carácter de ley especial, dentro de su ámbito propio, el Motu Proprio "Summorum Pontificum" deroga aquellas medidas legislativas inherentes a los ritos sagrados, promulgadas a partir de 1962, que sean incompatibles con las rúbricas de los libros litúrgicos vigentes en 1962.

Confirmación y Orden sagrado

29. La concesión de utilizar la antigua fórmula para el rito de la Confirmación fue confirmada por el Motu Proprio "Summorum Pontificum" (cf. art. 9 § 2). Por lo tanto, no es necesario utilizar para la forma extraordinaria la fórmula renovada del Ritual de la Confirmación promulgado por el Papa Pablo VI.

30. Con respecto a la tonsura, órdenes menores y subdiaconado, el Motu Proprio "Summorum Pontificum" no introduce ningún cambio en la disciplina del Código de Derecho Canónico de 1983; por lo tanto, en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el profeso con votos perpetuos en un instituto religioso o incorporado definitivamente a una sociedad clerical de vida apostólica, al recibir el diaconado queda incardinado como clérigo en ese instituto o sociedad (cf. can. 266 § 2 del Código de Derecho Canónico).

31. Sólo en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica que dependen de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei y en aquellos donde se mantiene el uso de los libros litúrgicos de la forma extraordinaria se permite el uso del Pontificale Romanum de 1962 para conferir las órdenes menores y mayores.

Breviarium Romanum

32. Se concede a los clérigos la facultad de usar el Breviarium Romanum en vigor en 1962, según el art. 9 § 3 del Motu Proprio "Summorum Pontificum". El mismo se recita integralmente en lengua latina.

El Triduo Pascual

33. El coetus fidelium que sigue la tradición litúrgica anterior, si hubiese un sacerdote idóneo, puede celebrar también el Triduo Pascual en la forma extraordinaria. Donde no haya una iglesia u oratorio previstos exclusivamente para estas celebraciones, el párroco o el ordinario, de acuerdo con el sacerdote idóneo, dispongan para ellas las modalidades más favorables, sin excluir la posibilidad de una repetición de las celebraciones del Triduo Pascual en la misma iglesia.

Los Ritos de la Ordenes Religiosas

34. Se permite el uso de los libros litúrgicos propios de las órdenes religiosas vigente en 1962.

Pontificale Romanum y Rituale Romanum

35. Se permite el uso del Pontificale Romanum y del Rituale Romanum, así como del Caeremoniale Episcoporum vigente en 1962, a tenor del n. 28 de esta Instrucción, quedando en vigor lo dispuesto en el n. 31 de la misma.

El Sumo Pontífice Benedicto XVI, en la Audiencia del día 8 de abril de 2011, concedida al suscrito Cardenal Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha aprobado la presente Instrucción y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, el 30 de abril de 2011, memoria de san Pio V.

William Cardenal Levada
Presidente

Mons. Guido Pozzo
Secretario

_______________

1 Benedicto XVI, Carta Apostólica Motu Proprio data "Summorum Pontificum", I, en AAS 99 (2007) 777; cf. Instrucción general del Misal Romano, tercera edición, 2002, n. 397.

2 Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña la Carta Apostólica «Motu Proprio data» Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 798.

3 Cf. Código de Derecho Canónico, can. 838 § 1 y § 2.

4 Cf. Código de Derecho Canónico, can 331.

5 Cf. Código de Derecho Canónico, cann. 223 § 2; 838 § 1 y § 4.

6 Cf. Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña la Carta Apostólica Motu Proprio data Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 799.

7 Cf. Código de Derecho Canónico, can. 900 § 2.

8 Cf. Código de Derecho Canónico, can. 249, cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 36; Declaración Optatam totius, n. 13.

9 Cf. Benedicto XVI, Carta a los Obispos que acompaña la Carta Apostólica Motu Proprio data Summorum Pontificum sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, en AAS 99 (2007) 797.

[00711-04.01] [Texto original: Latino]

Fuente: Vaticano

sábado, 9 de abril de 2011

El Sedevacantismo vs. La FSSPX


La posición que ha tomado la FSSPX en la actual crisis de la Iglesia, de nuevo está bajo ataque. Los argumentos de los sedevacantistas, quienes creen que la Sede de Roma está vacante, no son nuevos, pero no está de más explicar, una vez más, la razón por la que la Fraternidad reconoce la autoridad de los actuales líderes de la Iglesia, a pesar del daño que están haciendo o permitiendo que se dañe a la Iglesia católica.

Este daño es, por supuesto, la razón por la que los llamados sedevacantistas no pueden aceptar a los papas recientes, desde, ellos dicen, Pablo VI, no son realmente papas. ¿Cómo es que los propios Vicarios de Cristo pudieron traicionar Su Iglesia? Respuesta: ¡ellos no son verdaderos Vicarios! El argumento es simple, y nótese que descansa sobre verdades de Fe. Si los sedevacantistas no creyeran en Cristo, en sus Vicarios y en su Iglesia, la presente traición no sería un problema. Los sedevacantistas creen en Nuestro Señor y en Su Iglesia, a este respecto, ellos difieren de los liberales y los superan. Sin embargo, sus argumentos son muy simples, echemos un vistazo a la última versión de los mismos. El Sedevacantismo dice que, al enfrentar esta crisis de la Iglesia, sólo podemos tomar una de tres posiciones, la de “Ecclesia Dei”, la de los “Lefebvristas” (es decir, la de la FSSPX) o la de los sedevacantistas. La posición “Ecclesia Dei” al menos es consistente, dicen los sedevacantistas, pero significa la sumisión hacia los liberales. La posición Lefebvrista se niega a la sumisión hacia los liberales, pero “está llena de contradicciones”. La única posición no-liberal y libre de contradicciones es la de los sedevacantistas [dicen ellos]. De la inutilidad del compromiso de “Ecclesia Dei” con la Iglesia oficial, la Fraternidad y los sedevacantistas está de acuerdo, ¡no quedará gallina con cabeza mientras busquen refugio en la madriguera del zorro! Pero, ¿cómo es que los sedevacantistas argumentan que la Fraternidad está atascada en contradicciones? Por medio de un argumento triple encapsulado, o por medio de tres argumentos paralelos basados en la Iglesia, la Fe y el Papado:

En primer lugar, la Iglesia católica, instituida por Nuestro Señor, debe ser visible e indefectible. Pero la presente Iglesia visible, esto es, la Iglesia oficial, ha sido gravemente infectada por el liberalismo, por lo tanto, o el liberalismo es aceptable, lo cual es absurdo, o la Iglesia oficial no es la verdadera Iglesia, sin embargo, la Fraternidad insiste sobre tratarla parcialmente como la verdadera Iglesia, y parte tratarla como una Iglesia no-verdadera, así que la Fraternidad está en contradicción.

En segundo lugar, la Fe católica es integral, esto es, completa, con todos sus elementos, o de lo contrario, no lo está. Ahora, el sistema doctrinal del Novus Ordo, enseñanzas doctrinales, culto de adoración y la disciplina relacionados con la fe católica, o es integralmente católica y debe aceptarse por completo, o no es católica y debe ser rechazada por completo. Pero la Fraternidad insiste que, por ejemplo, la Misa del Novus Ordo no es automáticamente inválida, y aún así niega a las personas que la atiendan, por lo tanto, la Fraternidad, de nuevo, está en contradicción.

En tercer lugar, los verdaderos papas católicos, incluso fuera de su Magisterio, solemne o extraordinario, no pueden prescribir nada dañino para las almas, respecto a la disciplina o la adoración (Denzinger 1578). Pero el sistema liberal del Novus Ordo, fue prescrito con la plena autoridad de los papas recientes. Por lo tanto, o el sistema del Novus Ordo no es dañino para las almas, lo cual es absurdo, o estos papas visibles no son verdaderos papas. ¡Pero la Fraternidad insiste en reconocer su autoridad al mismo tiempo que se rehúsa a obedecerla!, así, una vez más, la Fraternidad se encuentra en una contradicción inviable.

Adicionalmente, existe una dificultad más para la Fraternidad en el momento en que estas contradicciones son expuestas, ya que cualquiera debe decidir lo que aceptará o negará. Pero el Arzobispo Lefebvre sólo tenía esta preeminencia dentro de la Fraternidad, para realizar esta labor de discernimiento, de tal manera que ahora que se ha ido, la Fraternidad deberá desintegrase.

Dejando a un lado este último argumento, se notará que cada uno de los tres principales argumentos plantea una disyuntiva, donde una posibilidad derivará en Liberalismo, y la otra posibilidad resultará en Sedevacantismo, ambas opciones rechazadas por la Fraternidad, entonces, obviamente la Fraternidad cree que existe una tercera posibilidad, la cual, en cada caso, es excluida por los sedevacantistas. Consideremos cada uno de los argumentos:

Primero, la Iglesia católica considerada en su estado puro, como la Esposa de Cristo, es por supuesto indefectible. Pero del argumento sedevacantista se entendería que a ningún hombre de la iglesia ¡jamás podría vencérsele! Veamos ahora a los Apóstoles en el Jardín de Getsemaní, la indefectibilidad que la Iglesia requiere es que no todos los hombres de la Iglesia sean vencidos a un mismo tiempo, lo cual no ha sucedido, incluso hoy. De aquí que la Fraternidad, creyendo en la Iglesia, distinga entre los hombres de la Iglesia, como Nuestro Señor nos dijo: “Tengan cuidado de los lobos con piel de oveja”.

Segundo, la Fe católica debe, por supuesto, ser profesada de forma integral, con todas sus partes, y cualquier sistema que carezca de una de las partes no será católico, ni como un todo, ni visto en cada una de sus partes deficientes. Pero nadie puede decir que ninguna de sus partes católicas, como verdadera parte católica, no es católica. Por ejemplo, en el siglo III la Iglesia juzgó, después de una amarga disputa, que el bautismo administrado por los donatistas herejes era válido. Este bautismo fue incorporado, con culpa, dentro de un todo no-católico, el cual no invalidaba estas partes católicas. Así, la Fraternidad rechaza la Misa del Novus Ordo, tanto en su totalidad, como en sus partes no-católicas, pero no dirá que el todo, proclive a la herejía, necesariamente invalida todas las partes, incluyendo, por ejemplo, una Consagración correctamente efectuada, de la misma forma que la herejía donatista no invalida el bautismo donatista. De aquí la necesidad de discernir.

Tercero, es verdad que, si el papa utiliza todo el peso de su autoridad apostólica para imponer a las almas alguna medida de disciplina o adoración, esta medida no debe ser dañina. Pero, desde el principio de, por ejemplo, la Misa del Novus Ordo, un puñado de canonistas competentes apuntaron que Pablo VI nunca, al instituir la Nueva Misa, abrogó o prohibió la continuación de la Misa Tridentina. Por lo tanto, estrictamente, el Novus Ordo representaba una opción, más que una obligación. Así que, ni la Fraternidad, ni nadie, estuvo, ni está obligado a afirmar que Pablo VI sólo era un papa aparente. La Providencia, en cierto sentido, ¡lo dejó ser liberal, al mismo tiempo que él hizo cumplir sus leyes favoritas! Pero ni la Fraternidad, ni nadie más, está obligado a aceptar estas leyes anticatólicas, incluso considerando a Pablo VI como papa verdadero. De nuevo aquí, surge la necesidad de discernir.

Tampoco la Fraternidad, ni ningún católico, dependen esencialmente del Arzobispo Lefebvre para realizar este descernimiento, es decir, lo que debe aceptarse o rechazarse entre las partes de la religión del Novus Ordo, mientras que siempre se rechace como un todo. La norma es la Tradición, la cual es independiente de todos nosotros. Es verdad que el Arzobispo Lefebvre probó ser en sí mismo un extraordinario baluarte de la Tradición mientras vivió, y los verdaderos católicos lo echan de menos hoy, pero él hubiera sido el primero en decir que los documentos y monumentos de la Tradición son asequibles para nosotros como siempre lo fueron para él.

Contrario a lo que muchos sedevacantistas y liberales pudieran pensar, la Fraternidad no sigue ciegamente al Arzobispo, si él se hubiese desviado de la Tradición, la Fraternidad se habría separado de él. Y entonces ¿cómo pensar que él es indispensable y cómo es que la Fraternidad ha durado tanto sin él?

A los sedevacantistas no les gusta que les digan que se parecen a los liberales, pero cuando ellos, al modo liberal, exageran la importancia de la persona del Arzobispo Lefebvre en el movimiento Tradicional, seguramente es debido a que ellos, como los liberales, sobreestiman la autoridad y subestiman la Verdad objetiva, y que la Verdad es toda la fuerza del llamado movimiento Tradicional. Nuestro Señor dijo que si todas las voces humanas fueran silenciadas, impedidas para defenderse, las mismas piedras de las calles protestarían a gritos, y esto no puede ser más cierto, no sólo por Su autoridad, por la que sería posible esto, sino debido a la propia naturaleza de la verdad. “No temas, pequeño rebaño…”.

Sin embargo, el punto interesante es intentar discernir el patrón o el error predominante detrás de los tres argumentos principales del Sedevacantismo. Seguramente existe un error habitual en el Sedevacantismo, y seguramente es el siguiente: ellos, en general, fallan en distinguir entre lo abstracto y lo concreto, entre los principios abstractos y la gente en concreto, entre los errores abstractos y las personas que yerran. San Agustín dijo: “Aniquila los errores pero ama a aquellos que yerran”, frase que es más nítida en latín: “Interficite errores, diligite errantes”.

Por otra parte, los liberales aman a los errores junto con los que yerran, mientras que los sedevacantistas aborrecen a los que yerran junto con sus errores. La pusilanimidad liberal sobre la gente se extiende a una pusilanimidad en los principios. La intransigencia sedevacantista sobre los principios los hace ser intransigentes con las personas. Sólo el católico que sigue las huellas de San Agustín mantiene un balance siendo firme en los principios mientras es indulgente, no blandengue, con las personas.

Así, es verdad que la Iglesia católica, las creencias católicas y el papado católico se encuentran en un estado abstracto, libre de corrupción. Pero para nuestra salvación, pecadores concretos, Nuestro Señor quiso que la Iglesia, la convicción y el papado, se personificaran respectivamente en los hombres de la Iglesia, los fieles y los Papas, en los cuales la condición humana de los tres está unida y mezclada, más o menos, con las fallas humanas y los elementos no-católicos. Bajo la luna, ¿qué es más contradictorio y revuelto que los seres humanos?

Pero los sedevacantistas no comprenden las revolturas, para ellos todo debe ser inclusivo o exclusivo, así, los sedevacantistas no pueden entender cómo es que la “Iglesia conciliar” y la Iglesia católica se traslapan, y por supuesto, como sistemas abstractos, el conciliarismo y el catolicismo absolutamente se excluyen uno de otro. Pero en concreto o en la vida real, qué es más sencillo, ¿que un individuo conciliar aún tenga algo de católico en él, o que los católicos tengan aspectos flojos o conciliares en ellos? Para muchos individuos conciliares seguramente se aplica la regla de Nuestro Señor: “No quebrará la caña cascada, ni extinguirá la mecha que aún humea” (Is XLII, 3; Mt XII, 20). Lo que significa que mientras exista una pequeña chispa de catolicismo en ellos, los católicos de la Tradición deben hacer todo lo que razonablemente esté en sus posibilidades para que esta chispa se convierta en una flama resplandeciente. Lo cual, por supuesto, es la razón por la que la Fraternidad ha extendido la mano a los descarriados conciliaristas, fieles y Papas. Por otro lado, a todos los católicos seguramente se aplica el dicho de Hamlet: “Dad a cada uno el trato que se merece, ¿y quién escapará de una paliza?”.

Afortunadamente, Nuestro Señor mira primero, no sobre nuestros frágiles logros, sino sobre nuestras buenas intenciones. Un hombre puede ser hundido hasta el cuello, y más allá, con sus errores y contradicciones, en su inmundicia, pero en tanto que él busque a Dios o desee la verdad, o quiera hacer lo mejor que él considere, el Buen Pastor lo alcanzará y no lo dejará ir.

Dejemos a los sedevacantistas ir y venir sobre las palabras y hechos del Arzobispo y la Fraternidad, los sedevacantistas están en su derecho de juzgar si tal o cual se desvió, por medio de la delicada labor de discernir entre el error y el que yerra, pero ellos no pueden blandir un báculo acusador, diciendo que es contradictoria la política de aniquilar el error y amar al que yerra. Esta es la propia política del Sagrado Corazón, ¡afortunadamente, para todos!

Queridos lectores, que las penitencias de esta Cuaresma sirvan para disminuir poderosamente, dentro de nosotros, la parte del error y hagan posible que la Verdad brille, aún con más pureza, dentro de nosotros. La batalla sólo cesará cuando fenezcamos, o, como San Francisco de Sales dijo, un cuarto de hora después de que expiremos, pero es una batalla sagrada. Dios los bendiga y los guarde.

Sinceramente suyo en los Sagrados e Inmaculados Corazones.

+Richard N. Williamson.
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Fuente: Biblia y Tradicion
Título: El Sedevacantismo vs. la FSSPX
Autor: Su Excelencia el Obispo Richard Nelson Williamson
Traducción: Alejandro Villarreal de B&T -2011-
De la Carta a los Amigos y Benefactores de abril de 1992

viernes, 13 de febrero de 2009

Mons. Fellay habla sobre el Vaticano II

EXCLUSIVO. El levantamiento de las excomuniones no equivale por cierto a una reintegración. Pero esta decisión de Benedicto XVI abre la puerta a "debates doctrinales" sobre el Vaticano II entre Roma y la Fraternidad San Pío X. Para demarcar el largo camino que podría desembocar en una plena comunión, Mons. Fellay, superior del FSSPX, debate con Gérard Leclerc, de Francia Católica, y Samuel Pruvot, de Familia Cristiana.

¿Usted mencionó "el malestar y el sufrimiento" de la Fraternidad San Pío X… ¿No es suicida permanecer lejos de la Iglesia de Roma?


Mons. Fellay: La posición de FSSPX presenta un peligro objetivo en el nivel sociológico, sobre un plano puramente humano. Es el peligro de permanecer ensimismado. Hemos sido atacados tanto, que automáticamente tenemos reacciones defensivas. Tratamos de protegernos y ahí hay un riesgo de ensimismados. Somos muy conscientes de esto y tratamos de hacer todo para impedir una actitud de ruptura. Debemos tener cuidado. Tratamos de tomar algunas medidas para neutralizar el peligro. ¡Es por eso que permanentemente hablamos de Roma y de la Iglesia (¡aunque sea en forma negativa!) Nunca olvidamos a la Iglesia, hacemos rezar por ella. Recordamos que no somos únicos. Rezamos por el papa, recordamos que es el vicario de Cristo. Esto apunta a un plano mucho más profundo de pertenencia a la Iglesia, nunca quisimos apartarnos de esta línea. Somos íntegramente católicos, estamos ligados firmemente a la Iglesia, y siempre lo hemos estado.

Samuel Pruvot: Un desacuerdo que se ha extendido a lo largo de décadas creando una situación crítica. Hay muchos bautizados por ustedes que no conocieron la plena unidad con Roma. Es indiscutiblemente peligroso.

¿Cuál es la forma y el calendario de los debates que usted empieza con Roma?


Mgr Fellay: Esto va a arrancar rápido, ciertamente... ¡Supongo que vamos a presentar nuestras objeciones, ya que somos nosotros (la FSSPX ndlr) quienes planteamos el problema! Respecto al resto, no puedo ir más lejos, no puedo decir nada, ¡porque no sé nada!

¿Acepta el Concilio con "reservas " o lo niega en bloque?

Mgr Fellay: Hay que distinguir la letra y el espíritu. Hay un espíritu peligroso que recorre todo el Concilio, y en este sentido lo negamos. Pero cuando se habla de la letra, no se trata de rechazarlo en bloque todo tal cual es. Mons. Lefebvre mismo aceptó el Concilio "a la luz de la Tradición". ¿Qué es lo que quiere decir esto? En 1982-1983, él fue a dar explicaciones a Roma, ante el cardenal Ratzinger –este rechazó su formulación. Mons Lefebvre decía: "Lo que es conforme a la enseñanza perenne, lo aceptamos: lo que es ambiguo, lo recibimos según esta enseñanza perenne; lo que es opuesto lo rechazamos".

En su discurso del 22 de diciembre de 2005 a la Curia, Benedicto XVI habla de las "hermenéuticas" del Concilio. Él condena la idea de una ruptura basada en "el espíritu del concilio". ¿Cuántos son hoy los partidarios de la hermenéutica de la ruptura? ¿Muy pocos acaso? Aquellos que quieren esta ruptura con el pasado ¿han sido alejados la Iglesia? Así como lo ha dicho muy justamente Benedicto XVI, la Iglesia no puede separarse de su pasado. ¡Es imposible! No podemos construir el vigésimo piso de un edificio sin tener los 19 pisos de abajo!

Gérard Leclerc: ¡La distinción entre el espíritu y la letra del Concilio puede ser especiosa, porque por un lado, alguien como el padre de Lubac ha podido denunciar la perversión del clima que reinaba alrededor del Concilio, y por otro el espíritu verdadero del Concilio ilumina la letra y debe ser atribuido al mismo Espíritu Santo! En cuanto a la continuidad orgánica de la Tradición, esto supone forzosamente desarrollos. Aquello de lo que ya hablaba el cardenal Newman. Mi temor hoy sería que la Fraternidad San Pío X se niegue a contemplarlos. Bloqueando la Tradición hay peligro de salirse de ella.

Mgr Fellay: Hay puntos, que el papa presenta como en concordancia con la Tradición y que, a nuestros ojos, no lo están.

¿Es posible hacer la selección en las afirmaciones del Concilio?

Mgr Fellay: No es una cuestión de todo o nada. Me parece que muchos problemas que nosotros nos planteamos tienen que ser resueltos por medio de distinciones y por no rechazos o aceptaciones absolutas. No somos unívocos. Cuando hablamos del Concilio, sabemos que se inscribe en un conjunto de circunstancias, en un contexto, en un movimiento. Me apoyo en una nota de la secretaría del Concilio de noviembre de 1964. Este texto comprende dos partes. La primera dice: "la Iglesia no obliga a adherir en cuestiones de fe y de costumbres sino a aquellas que ella presenta como tales". Y esta nota precisa que este Concilio se considera "pastoral". El Concilio se distingue de los otros. No podemos abordarlo de manera dogmática y decir AMEN, a todo. Este paso es sencillamente falso. Hay diferentes dominios, temas y grados de autoridad..

¿Después de Motu proprio, la cuestión de la liturgia está en orden? ¿Considera que el rito romano en su forma ordinaria (Paulo VI) es válido?

Mgr Fellay: La cuestión de la validez no plantea problema en sí. Basta que la forma sea respetada. La nueva misa es válida. El problema se plantea a posteriori. Comprobamos a veces que en el comportamiento o las palabras, los sacerdotes y los fieles no tienen siempre fe en la presencia eucarística. Esto podría significar la existencia de una intención contraria a la de la Iglesia.

La liturgia es todo un conjunto que acompaña lo esencial de la misa. Es todo un conjunto de gestos, de palabras que acompañan y deben alimentar la fe. Aquí tenemos objeciones mayores como, por ejemplo, el ofertorio: compare los dos misales y comprenderá nuestras objeciones.

Gérard Leclerc: Yo tendría también un problema para asistir a una misa donde el sacerdote no compartiera la fe de la Iglesia. La cuestión pudo plantearse en ciertos momentos. Paulo VI publicó una encíclica sobre la Eucaristía que fue recusada por un cierto número de personas en su tiempo. Fue algo muy grave.

Sobre los ritos la discusión sería larga. Habría que ver de nuevo cómo se hizo la reforma litúrgica. No es por nada que el cardenal Ratzinger pide una reforma de la reforma. Pero hay que también considerar las riquezas del nuevo rito. Éstas provienen de la tradición eclesial más auténtica.

Mgr Fellay: Para Benedicto XVI, la reforma litúrgica es una de las primeras causas de la crisis de la Iglesia. Es algo fuerte. ¡Esto dice mucho, y no soy yo que lo dice!

Usted critica la noción de libertad religiosa. ¿Por qué?

El Concilio hizo propio uno de los principios fundamentales del Estado Moderno, a saber la neutralidad para con las religiones. Para nosotros el Estado debe reconocer la verdadera religión. Benedicto XVI considera, a propósito de la libertad religiosa, que "la Iglesia redescubrió su patrimonio". ¡Es una expresión qué me hace sobresaltar! ¡Si la Iglesia redescubrió la libertad religiosa, ¿cuándo la perdió?! ¿Acaso ella podía perderla? Durante cerca de 1500 años la Iglesia tuvo muy otra posición.

Gérard Leclerc: Hay un problema histórico. La Iglesia conoció situaciones muy diferentes. Situación de clandestinidad bajo el Imperio Romano, la libertad religiosa consentida bajo Constantino, y luego con Teodosio el Imperio se hizo cristiano. Hay una larga época de Cristiandad Medieval, luego una ruptura de la modernidad. La Iglesia, a lo largo de la historia, vió situaciones diferentes y reaccionó con arreglo a estas situaciones. No reaccionamos del mismo modo en un Estado oficialmente cristiano que cuando estamos bajo un régimen laicista. No hay que ser anacrónico. La noción de libertad religiosa está asociada con la libertad radical del acto de fe y con la incompetencia religiosa del poder público. ¡En China hoy, la Iglesia reclama la libertad de conciencia!

Mgr Fellay: ¡Estamos perfectamente de acuerdo! Todo el mundo comprende que en un Estado que abarca varias religiones, este Estado debe legislar para el bien común. El bien más grande es la paz entre los ciudadanos. Es lo que la Iglesia llama la "tolerancia cristiana". Pero se trata de otro principio.

¿Acepta el camino ecuménico iniciado por el Vaticano II?

Mgr Fellay: Hay una distinción que realizar sobre el ecumenismo. El deseo de unidad, es decir, de que los que dejaron la Iglesia vuelven a ella se puede encontrar en las Letanías de los Santos. Es nuestra posición. Rezamos y deseamos con todo nuestro corazón que todos sean uno, según la palabra de Nuestro Señor. Sin embargo, el concepto recordado por la Iglesia, según el cual sólo ella es la maestra de la Verdad y posee toda la Verdad revelada, resuelve el problema. ¡Si la finalidad del ecumenismo es verdaderamente esta, no nos oponemos, téngalo por seguro!

Lo que no corresponde es otra cosa. En 1949, una nota del Santo oficio, (el primer texto oficial de la Iglesia que habla del ecumenismo), advertía contra un conjunto de peligros. Hoy estamos metidos dentro de ellos. Estos peligros son el relativismo, llegar a una connivencia con todo el mundo y renunciar a la conversión. En un texto reciente de Roma que se refiere a la mejor comprensión de la misión de la Iglesia, se habla del gran respeto a las tradiciones de los cristianos no católicos. El único momento en que se habla de conversión es en nombre de la libertad religiosa del sujeto. No existe ya más la voluntad de la Iglesia de convertir. ¡Entonces aquí, seguro, no estamos de acuerdo, esto es muy grave!

Gérard Leclerc: Roma es muy consciente de ciertas desviaciones del ecumenismo. La prueba es la publicación de "Dominus Jesus " del cardenal Ratzinger. Por otra parte, el papa advierte también contra la dictadura del relativismo. Dicho esto, el modo en que el Vaticano II abordó la cuestión cambia nuestra mirada sobre las otras confesiones. En la medida en que ellas supieron cultivar ciertos elementos importantes, son depositarias de riquezas que debemos redescubrir. Así, la ortodoxia que es en mucho testigo de la fe de los Padres, cultivó más que la Iglesia de occidente ciertas perspectivas. Es por esto que Juan Pablo II declaraba que "la Iglesia debía respirar con sus dos pulmones". Somos reenviados así a la continuidad de la Iglesia indivisa.

Mons Fellay: ¿Que es lo que se pretende? ¿Una unidad real o una suerte de connivencia, una suerte de confederación? Según lo que dice la Iglesia, hay sólo una solución: es la unidad. Hay sólo una Iglesia y no pueden haber varias. Esta unidad debe estar fundada sobre la Verdad. Que haya un gran número de riquezas, de valores, de verdad, en todas las religiones, esto va de suyo. Pero el bien proviene de la integridad total, mientras que el mal proviene del defecto. Como dice la epístola: "El que peca contra un mandamiento peca contra todos". El fin es alcanzar la salvación. Para ser salvo hay que tener toda la fe, todo el conjunto. Lo que falta a los ortodoxos es aceptar la primacía del papa. En todo el resto estamos de acuerdo. Hay muchas riquezas que pueden servir de punto de partida, es posible, pero no podemos quedarnos ahí.

A propósito del judaísmo, ¿acepta la fórmula nacida del Concilio que presenta a los Judíos " como nuestros hermanos mayores "?

Mgr Fellay: La expresión puede ser tomada de dos maneras, es ambigua. La primera es correcta, la otra incorrecta. Tenemos en la Sagrada Escritura el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento. Todo lo que el Dios le transmitió al pueblo elegido se encuentra en la primera Alianza. Pero ésta ha sido reemplazada por la Nueva, la Buena Nueva que es el Evangelio. Nosotros los católicos tenemos todo. El Antiguo y el Nuevo Testamento. Los judíos son fieles al Antiguo Testamento en cuanto a la letra, pero algo nuevo ocurrió y el judaísmo se detuvo allí. Hubo algo esencial: la llegada del Mesías. Los judíos son nuestros hermanos mayores en la medida en que tenemos algo en común. Pero eso no basta para que ellos alcancen la salvación.

Gérard Leclerc: Con la Nostra Aetate, el Concilio quiso tranquilizar nuestras relaciones con el judaísmo recuperando la enseñanza de san Pablo en la epístola a los Romanos, lo que volvió a poner el judaísmo en una perspectiva "escatológica". Esto tiene un sentido preciso: nuestras relaciones con nuestros hermanos mayores son hic y nunc inscritas en la historia de la salvación. Es verdad que este reexamen ha sido acondicionado ampliamente por el drama espantoso de la guerra. Había habido indiscutiblemente un antijudaísmo cristiano, fuente de persecuciones múltiples. La Iglesia quiso hacer su examen de conciencia. Pero la mejor respuesta residía en un ahondamiento doctrinal. Se trató primero de reencontrar la coherencia de ambos Testamentos. El Nuevo es totalmente solidario con el Antiguo. Finalmente, hubo voluntad de cambio de relaciones con el judaísmo. Nos acordamos de la visita de Juan Pablo II a la sinagoga de Roma y de su paso por el Muro de los Lamentos en Jerusalén.

Usted desea que Roma rehabilite la memoria de Monseñor Lefebvre. ¿Qué tiene que decir sobre esto?

Mons. Fellay: Mons. Lefebvre señaló un problema a la Iglesia y es a causa de esto que ha sido condenado. No se ha querido ver ese problema. ¡Él decía: "Atención, hay una crisis en la Iglesia! ¡Es absolutamente necesario ver las causas!" La dificultad permanece casi completa hoy porque la Iglesia quiere atribuir estos problemas al ambiente del mundo. Y esto es verdad sólo en parte.

Gérard Leclerc: Desgraciadamente, Mons. Lefebvre se embarcó en un camino de división de la Iglesia. Recuerdo, sin embargo, lo que me ha dicho el cardenal Thiandoum, sucesor de Mons. Lefebvre en Dakar. El había sido formado por Mons. Lefebvre. No olvidemos que es el mismo Mons. Lefebvre que inicia las conferencias épiscopales del oeste africano. Thiandoum no era el único que reconocía su deuda. Recuerdo lo que me ha dicho el padre Albert Chapelle, quien era un gran jesuita, consejero del cardenal Lustiger en los momentos difíciles: "Mons. Lefebvre fue un muy grande obispo misionero”. Hasta el cardenal Lustiger tuvo apreciaciones fraternales, a pesar de sus serios desacuerdos. Creo que altas autoridades en la Iglesia siempre reconocieron a Mons. Lefebvre su voluntad de servir. Habría que considerar las cosas con más justicia. Dicho esto, no podemos sino lamentar la polémica que tocó a la persona de los papas. En ella se ponía en riesgo realizar una desfiguración del mensaje de la Iglesia, abriendo una herida que todavía está sangrando.

¿La aproximación con Roma es únicamente doctrinal? ¿No implica una afectuosa proximidad espiritual?


La vida moral y espiritual se sigue de una doctrina clara. ¡No somos voluntaristas! Lo afectivo se sigue del conocimiento. Si se logra devolver claridad a muchos de estos puntos llegaremos a una renovación para todos, que será provechosa para todo el mundo. Hay que rezar para que estas discusiones sean un bien para toda la Iglesia. No se trata de saber si alguien ganó o si alguien perdió. Somos sólo pobres seres humanos, un día nuestras vidas se acabarán. Responderemos ante del Buen Dios de lo que hicimos. Lo esencial para mí es que nuestro Señor sea amado, alabado y adorado. Es el fin del ser humano y de la vida cristiana.

¿Espera ver con sus ojos la comunión plena?

Mons. Fellay: Nos hemos considerado siempre plenamente miembros de la Iglesia. En cuanto al resto, ¡espero hacer mi trabajo! Es el Buen Dios quien decide. El éxito de una obra no es humano, es el bien sobrenatural que viene del Buen Dios. Yo soy sólo un instrumento. El éxito vendrá cuando el Buen Dios quiera. Creo firmemente que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. Sé que la Iglesia continuará y es por esto que sigo adelante a pesar de todas las penas que recibo. ¡Es a esta Iglesia a la que yo amo, a pesar de que me golpee!

Gérard Leclerc: Creo que hay un clima que cambiar, y no solamente en el debate teológico. Me doy cuenta de esto, aunque más no sea por las polémicas en las cuales he visto obligado a participar estos últimos días. Hay que reencontrar la serenidad, no diabolizar al otro, particularmente con quejas falsas. Esto puede hacerse sólo en la docilidad al Espíritu Santo.

¿Espera algo de católicos franceses?


Mons. Fellay: ¡Espero mucho! Que ellos crezcan en el amor del Buen Dios y en su servicio. La comunión de los santos hace que todo acto bueno ofrecido en la Iglesia aproveche a todos los demás. Cada uno que se santifica en la Iglesia eleva a todo el cuerpo místico. Espero que todos nosotros vivamos mejor esta comunión de los santos y todo lo demás se seguirá por sí mismo. Es algo grande. La vocación universal a la santidad, justamente una de las cosas importantes que recuerda el Concilio.

Fuente: Familia Cristiana de Francia. Parte 1. Parte 2.

Traducción: Panorama Católico Internacional

El Padre Franz Schmidberger invita a obispos alemanes a un diálogo "sobre los puntos contenciosos acerca del concilio"

El Padre Franz Schmidberger invita a obispos alemanes a un diálogo "sobre los puntos contenciosos acerca del concilio"

Radio Vaticana informa de una interesantísima propuesta del Superior del Distrito alemán de la FSSPX. Recogemos la noticia del blog Catholic Church Conservation.

La SSPX busca el diálogo con los obispos alemanes acerca de cuestiones teológicas. Esto fue anunciado por el distrito alemán de la SSPX en un comunicado de prensa este jueves. El tema de estas conversaciones no debería versar sólo sobre los puntos contenciosos acerca del concilio, sino también sobre una crítica del desarrollo post-conciliar. El punto central, dijo el Padre Franz Schmidberger, superior del distrito de la Fraternidad en Alemania, es la auto-comprensión de la Iglesia Católica. “¿Debe aún entenderse como la única Iglesia fundada por Cristo, y poseedora de la plenitud de la Revelación?”, pregunta Schmidberger. La Iglesia Católica debe también predicar verdades impopulares, como la cuestión de lo que la gente debe esperar después de la muerte, y la cuestión de si Cristo es el Salvador de todas las personas. Tales cuestiones son hoy controversiales entre los católicos. Esto muestra los frutos de “la prédica diluida de los últimos treinta años”. Schmidberger dijo que se debería estar básicamente listo “para discutir asuntos con cualquiera”. “Por eso, los obispos alemanes deberían identificar a uno o dos teólogos para discutir con nosotros acerca de los puntos que percibimos como problemáticos”.

Visto en www.panodigital.com

jueves, 12 de febrero de 2009

Memorias de un santo

Sin duda el padre Pío fue un santo que le tocó vivir la dificil época del "aggiornamiento" de la Iglesia, por eso es interesante exponer algunos comentarios de este Santo sobre el Concilio.

Al inicio del Concilio decía el Padre Pío:

“Ahora comienza la torre de Babel”

y posteriormente afirmo:

“Éste es un concilio que desconcilia”

El Padre Pío mandó decirle a Pablo VI, por conducto de Mons. Del Ton (el latinista del Vaticano), que “se apresurara a clausurarlo; cuanto más tiempo pasa, peor es”.

En 1965 año en el cual concluia el Concilio, durante la euforia de una supuesta "nueva primavera para la Iglesia", el Santo Padre Pío confío a uno de sus hijos espirituales:

"En este momento de oscuridad, Oremos. Vamos a hacer penitencia por los elegidos, y especialmente para el que tiene que ser su pastor".

El Padre Pío ya había expresado su descontento frente a los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II cuando el cardenal Bacci fue a verlo a San Giovanni Rotondo. “¡Terminad con el concilio de una vez! ¡Por piedad, terminádlo pronto!”, le había dicho al cardenal.

En 1966 cuando el Padre General de los Franciscanos visito al Padre Pío para pedirle oraciones y su bendición para la reunión del Capitulo especial para poner a tono con el "Aggiornamiento" del Concilio a la orden franciscana, el Padre Pío con un gesto violento gritó:

"Eso es nada mas que tonterías destructivas"

Entonces el padre Pío se enojó mucho. Apenas oyó el padre la palabra “nuevos capítulos” se puso a gritar: “¿Qué están combinando en Roma? ¡Ustedes quieren cambiar la regla de San Francisco! "¡No debemos desnaturalizarnos nosotros mismos, no debemos desnaturalizarnos nosotros mismos!¡En el juicio final San Francisco no nos reconocerá como hijos suyos.” Y frente a la explicación de que los jóvenes no querían saber de nada con la tonsura ni con el hábito, el padre gritó: “¡Echádlos fuera! ¡Ellos se creen que le hacen un favor a San Francisco entrando en su Orden cuando en realidad es San Francisco quien les hace un gran don!”.

A cuatro obispos sudamericanos que habían ido a San Giovanni Rotondo durante el concilio -los obispos italianos lo tenían prohibido-, el padre Pío les dijo:

“dejad en paz a la Virgen y poned en práctica los diez mandamientos”.

Era el periodo del concilio en que se dijeron cosas enormes sobre la Virgen.

Fuente: Semper Fidelis