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viernes, 13 de febrero de 2015

INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE PARA IR AL CIELO SIN PASAR POR LAS DURAS PENAS DEL PURGATORIO

Hemos tomado esta entrada del excelente blog "CATOLICIDAD" debido a su importancia, promulgacion y promoción en todos los ambitos católicos del mundo entero. Porfavor propagen esto con sus amigos, familiares para que sea de conocimiento de tan grande regalo que nos deja Dios Padre para nuestra alma y salvación eterna.

INDULGENCIA PLENARIA A LA HORA DE LA MUERTE PARA IR AL CIELO SIN PASAR POR LAS DURAS PENAS DEL PURGATORIO

ES IMPORTANTE CONOCER ESTO, TANTO PARA NUESTROS FAMILIARES Y AMIGOS COMO PARA NOSOTROS MISMOS.



A lo largo de mi vida he visto como muchos buenos y piadosos católicos no conocen del precioso regalo, en forma de indulgencia plenaria, que nos ofrece la Iglesia a la hora de morir. Ciertamente, son muchos los que por ignorancia - tanto propia como del clero - llegan a morir sin recibir tan piadosa bendición. Este acto, realizado con fe, otorga la indulgencia plenaria a la hora de la muerte a los enfermos. Así pues, todo su dolor, sufrimiento, incomodidades, etc serán ofrecidas al buen Señor para expiar la culpa de nuestros pecados aún en vida, para así, a la hora de morir, evitar los horribles pero buenos tormentos del muy Santo Purgatorio. Así pues, si se muere en estado de gracia y luego de recibir la Indulgencia Plenaria In Articulo Mortis (que aplica a la hora de morir, y no a la hora en que se realiza la bendición) el alma de ese buen católico será prometida, al igual que el buen ladrón al lado de Cristo en el Calvario:

El ladrón dijo a Jesús: "Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc. 23:42,43).

Aquí os dejo, pues, el ritual intacto de la Indulgencia in Articulo Mortis.

¡Leedlo y meditadlo! ¡Dejad que Cristo, Dios mismo, os hable!

Tarea: Imprimir esta indulgencia y regalársela a al menos un sacerdote. También, deben dar a conocer esto a sus hermanos, en especial a los más piadosos y a aquellos que se encuentran en agonía. Realicen, además, alguna otra indulgencia por los benditas ánimas del Santo Purgatorio.
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El ritual se puede descargar e imprimir con más facilidad aquí.
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RITUAL DE LA BENDICIÓN APOSTÓLICA CON

INDULGENCIA PLENARIA 
"IN ARTICULO MORTIS"
(Ritual Romano, tít. VI, cap. 6) 
¡Señor, ten misericordia de nostros y del mundo entero!


I- Advertencias previas.
1. Cuando se da la Bendición Apostólica en seguida después de la Sagrada Unción o del Santo Viático, se comienza por la oración Clementissime, teniendo sin embargo en cuenta la rúbrica no. 4.

La Bendición Apostólica con indulgencia plenaria en el momento de la muerte suele darse después del Sacramento de la Penitencia, de la Eucaristía y de la Extremaunción a aquellos enfermos que la pidieron cuando estaban sanos de espíritu y en plena posesión de sus facultades, o que verosímilmente la hubieran pedido, o que dieron signos de contrición; debe darse a estas mismas personas, incluso si después se encuentran privados del uso de la lengua y de los otros sentidos, o si cayeron en delirio o demencia. En cambio debe negarse absolutamente a los excomulgados, a los impenitentes y a los que mueren manifiestamente en pecado mortal.

2. El Párroco o el Sacerdote que asiste al enfermo, revestido con la sobrepelliz y la estola morada, entra en la habitación donde se encuentra recostado el enfermo y dice: Pax huic dómui, etc. Luego rocía al enfermo, a la habitación y a los presentes con el agua bendita, diciendo la antífona: Aspérges me, etc.

3. Si el enfermo quiere confesarse, escuche su confesión y absuélvalo. Si no pide confesarse, indúzcalo a hacer un buen acto de contrición; si hay tiempo, instrúyalo brevemente sobre la virtud y eficacia de esta bendición; Luego enséñele y exhórtelo a invocar el santísimo nombre de Jesús, al menos en su corazón, a llevar de buen grado las molestias y dolores de la enfermedad en expiación de la vida pasada, y a ofrecerse a Dios, dispuesto a aceptar en adelante todo lo que le plazca, y a morir con paciencia en satisfacción de las penas que ha merecido pecando.

4. Instrucción y preces.

Luego consuélelo con palabras santas, despertando en él una esperanza firme, de que obtendrá, por efecto de la liberalidad divina, la remisión de las penas debidas y la vida eterna: con este fin podrá hablar al enfermo con las palabras siguientes u otras semejantes.

NOTA: DONDE SE OFRECE LA TRADUCCIÓN LATÍN-ESPAÑOL, EL SACERDOTE PUEDE ELEGIR CUAL DE LAS DOS TRADUCCIONES UTILIZAR.

II – Instrucción
Voy a darte, hermano mío, la Bendición Papal. Es una gracia más que el Señor te concede en tu enfermedad. Es también una demostración del amor y solicitud de la Iglesia por el bien de tu alma.

La Bendición Papal es una bendición extraordinaria, que el Santo Padre hace llegar a los enfermos por intermedio de los Sacerdotes. Por la Bendición Apostólica se perdona toda la pena temporal debida por los pecados. El efecto de esa absolución se aplica en el momento de la muerte, pero el derecho a recibir tan extraordinario beneficio se adquiere desde el momento en que se da la Bendición. En nombre del Papa vengo, pues, a darte este regalo espiritual.

Ofrece a Dios, con toda resignación, los sufrimientos e incomodidades de tu enfermedad, en expiación de tus pecados; entrégate en sus manos para que disponga de ti y de todas tus cosas, inclusive de tu propia vida, como le agradare.

Invoca ahora el nombre de Jesús con todo tu corazón para que te dispongas a ganar esta indulgencia, y continúa repitiendo este nombre de salvación durante toda tu enfermedad.

Repite interiormente:
III - Preces

V. Para que mis sufrimientos y enfermedades sean aceptados en expiación de mis culpas. R. ¡Óyeme, Jesús!

V.
 Para que en todo me conforme con tu voluntad. R. ¡Óyeme Jesús!

V. Para que no se pierda en mi alma el mérito de tu pasión R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que me seas propicio en el día del juicio. R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi esperanza no desfallezca.
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que no sea confundido eternamente. 
R. ¡Óyeme, Jesús!

V. Para que mi alma alcance la gloria de la compañía. de los santos. 
R. ¡Óyeme, Jesús!
IV- Breve acto de contrición.

¡Jesús, mi Señor y Redentor! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.
V - Versículos y oraciones.

Luego se dicen las preces, que sin embargo podrán omitirse.


V. Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. R. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
R. Que hizo el cielo y la tierra. 
R. Qui fécit caelum et terram.
 
Antífona. No te acuerdes, Señor, de las culpas de tu siervo (sierva) ni tomes venganza de sus pecados.
Antíphona. Ne reminiscáris, Dómine, delícta fámuli tui (fámulas tuae): neque vindíctam sumas de pecátis ejus .

V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison.


V Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, ten piedad de nosotros.
V. Christe, eléison,
R. Christe, eléison.


V Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V Kyrie, eléison.
R. Kyrie, eléison. 


Sacerdote. Padre Nuestro...
Sacerdos. Pater noster...

V Y no nos dejes caer en la tentación.
R. Mas líbranos del mal.

V Et ne nos indúcas in tentatiónem.
R. Sed líbera nos a malo.


V. Salva a tu siervo (sierva) Señor.
R. Dios mío, porque espera en ti.

V. Salvum (-am) fac servum tuum (ancíllam tuam)
R. Deus meus, sperántem in te.


V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.


V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Dóminis vobíscum.
R. Et cum spítitu tuo.


V Nuestro auxilio está en el nombre del Señor. V Adjutórium nostrum in nómine Dómini.

CLEMENTÍSIMO Señor, Padre misericordioso y Dios de todo consuelo, Tú que no quieres que perezca ninguno de cuantos creen en Ti, conforme a la inmensidad de tu misericordia mira propicio a tu siervo (sierva) N., a quien recomiendan la verdadera fe y la esperanza cristiana. Vísitalo (visítala) para que lo (la) salves y concédele benignamente el perdón de todos sus pecados, por los méritos de la pasión y muerte de tu Hijo Jesucristo. Que cuando salga el alma de su cuerpo, encuentre en Ti un Juez indulgente, y que, purificada de toda mancha en la sangre de tu mismo Hijo, merezca pasar a la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. R. Amen .

CLEMENTÍSSIME Deus, Pater misericordiárum, et Deus totíus consolatiónis, qui néminem vis períre in te credéntem, atque sperántem; secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum réspice propítius fámulum tuum N., que m (fámulam tuam N., quam) tibi vera fides, et spes christiána comméndant. Vísita eum (eam) in salutári tuo, et per Unigé niti tui passiónem et mortem, ómnium ei delictórum suórum remissiónem, et véniam cleménter indúlge: ut ejus ánima in hora éxitus sui te júdicem propitiátum invéniat, et in sánguine ejúsdem Fílii tui ab omni mácula ablúta, transíre ad vitam mereátur perpétuam. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen .
VI - Confesión general.

Se hace la confesión general, que podrá omitirse si ya se ha rezado.

Yo, pecador ...

Confíteor Deo …
Hecha la confesión general del modo habitual, en latín o en lengua vulgar, el sacerdote dice en singular: 

Misereátur tui, etc., Indulgéntiam ... tuórum tríbuat tibi, etc.

Sacerdote. Dios omnipotente tenga misericordia de ti, y, perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna. R. Amén. Sacerdos. Misereátur tui, omnípotens Deus, et dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam aeternam. R. Amén.

El Señor omnipotente y misericordioso te conceda indulgencia, absolución y remisión de tus pecados. R. Amén. Indulgéntiam, absolutiónem et remissiónem peccatórum tuórum tríbuat tibi omnípotens et miséricors Dóminus. R. Amén.

VII - Bendición Apostólica.
Luego, elevando la mano derecha hacia el enfermo, da la Bendición:

Dóminus noster Jesus Christus, Fílius Dei vivi, qui beáto Petro Apóstolo suo dedit potestátem ligándi, atque sol di, per suam piísimam misericórdiam recípiat confesiónem tuam, et restítuat tibi stolam primam, quam in Baptísmate recepísti: et ego facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo. In nómine Patris, et Fílii, ╬ et Spíritus Sancti. R. Amén.

VIII - Conclusión.
Per sacrosáncta humánre reparatiónis mystéria remíttat tibi omnípotens Deus omnes prteséntis et futúrae vitae poenas, paradísi portas apériat, et ad gáudia sempitérna perdúcat. R. Amen.

Benedícat te omnípotens Deus, Pater, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus. R. Amen.


IX - En los casos de cierta urgencia.

En caso de necesidad es suficiente decir:

Ego, facultáte mihi ab Apostólica Sede tribúta, indulgéntiam plenáriam et remissiónem ómnium peccatórum tibi concédo, et benedíco te. In nómine Patris, et Fílius, ╬ et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
X - Rúbricas.

Cuando esta Bendición Apostólica se imparte a varios enfermos a la vez, se dice todo lo anterior una sola vez, cambiando solamente el singular por el plural.

Luego rece el sacerdote las oraciones de la Recomendación del alma con la mayor devoción posible, y exhorte a los familiares y presentes que recen al mismo tiempo por el moribundo.

Catecismo Tradicional.

viernes, 17 de abril de 2009

Domingo 19, fiesta de la Divina Misericordia


La Fiesta de la Divina Misericordia

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero. (47)
Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y sobretodo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria. (48)


Cuando lo dije al confesor (48), recibí como respuesta que ese se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia. (49)

Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia - recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi Misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré. (206)


Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

Durante la oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...

Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia. (299)

+ Pide a Mi siervo fiel (132) que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. (300)


El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios. (420)

No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita. Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la Iglesia y no en el convento dentro de la clausura. Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella. (570)

Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia. (965)

Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi misericordia. (1109)


Fuente: divinamisericordia.org

viernes, 27 de junio de 2008

La Coronilla de la Divina Misericordia


Se utiliza un rosario común de cinco decenas.
1. Comenzar con un Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.
2. Al comenzar cada decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:
"Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo,Nuestro Señor Jesucristo,para el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero."
3. En las cuentas pequeñas del Ave María:
"Por Su dolorosa Pasión,ten misericordia de nosotrosy del mundo entero."
4. Al finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tresveces:
"Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero."

Según el diario de Santa María Faustina Kowalska
"Alienta a las personas a decir la Coronilla que te he dado... Quien la recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes la recomendaran a los pecadores como su último refugio de salvación. Aun si el pecador mas empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en Mi Misericordia." "Escribe que cuando digan esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y el, no como Justo Juez sino como Misericordioso Salvador."